CÉSAR ALONSO
DIRECTIVO DE ANA (ASOCIACIÓN ASTURIANA DE AMIGOS DE LA NATURALEZA)
Desde ANA llevamos algunos años insistiendo en la necesidad de que los cazadores, con la frecuencia que se requiera, se sometan a un control de alcoholemia similar al que se practica sobre los conductores. Y esta necesidad dimana tanto de la obligación legal que se establece en la reglamentación sobre armas como de la obvia inseguridad que conlleva que un sujeto porte y dispare un rifle en espacios abiertos, compartidos en su uso con ciudadanos que no están cazando y con la pretensión de abatir animales cazables que también conviven con otros que no lo son, o que incluso están protegidos.
En la penúltima normativa anual de caza (2008) se incluyó un epígrafe insuficiente que quería sortear esta obligación, ya que prohibía cazar cuando el alcohol u otras sustancias imposibilitaran hacerlo con seguridad. La trampa estaba en que no se fijaba un máximo de tasa de alcohol en sangre.
Este año, pese a la chusca confusión -publicada- de establecer un «mínimo» de alcohol en sangre (palmaria traición del subconsciente del redactor, sin duda), se pretendía fijar un máximo, análogo al permitido para conducir. Ya era hora. Esperábamos la rectificación en el BOPA del error entre el máximo y el mínimo cuando hete aquí que la modificación se va a hacer (si no se hizo ya cuando lean estas líneas) eliminando la tasa en cuestión. A la viceconsejera de Medio Ambiente parece haberla acoquinado el sector más rancio de los cazadores y, temerosa sin duda de perder votos en ese colectivo, deja las cosas en la situación irregular e irresponsable en que estaban.
No debe darse cuenta esta mujer de que ya muchos de los cazadores (como del resto de los ciudadanos) no votan a su partido, aunque no exista ese límite, ni de que, lo mismo que puede conservar ahí algunos votos, también los puede perder en otro colectivo mucho más amplio, ni más ni menos que el de los ciudadanos que no son cazadores.
¿Puede la Viceconsejera o alguno de los representantes de los cazadores que no quieren soplar (en el alcoholímetro) decirnos qué problema tienen en hacerlo?
En estas páginas ya explicamos una vez que en Asturias se autorizan alrededor de 10.000 cacerías al año, lo que equivale a unas 80.000-100.000 armas en el campo (en aquella ocasión hablábamos de «jornales de caza»). Esta cantidad de gente armada por los montes asturianos bien requiere que se ejerza un efectivo control sobre las condiciones en que se practica esta afición, tanto por cuestiones legales, de seguridad, como de civismo, pues macarradas varias en el ambiente cinegético son habituales bajo los efectos del alcohol (y a veces sin él).
Los intentos de la Sra. Viceconsejera de pasar por la política pisando huevos son vanos. En lo que nos ocupa es imposible conciliar la obligación de que los cazadores, cuando sean requeridos para ello, soplen por el tubito (y no sobrepasen el máximo permitido de alcohol en sangre) con el cerril empecinamiento de algunos de querer caldearse en las armadas con agua de fuego.
Valiente postura, recular en una situación así, enredada esta mujer por no se sabe qué tela de araña. Tal parece que hay mucho más miedo que vergüenza.