JAVIER MORÁN
Hay que ver la resolución y la agilidad del Ayuntamiento en la reforma del estadio de El Molinón, no en acabarla a tiempo, pero sí en abordarla de modo que no se pierda ni un minuto de competición. Queremos decir que la municipalidad ha ido que se las pela y ha actuado con una previsión no detectable en otros asuntos ciudadanos. Ayer, El Molinón funcionó aceptablemente: no se derrumbó nada ni hubo tumultos, y las crónicas sólo cuentan que se produjo cierto mosqueo en parte del respetable porque, en medio de la provisionalidad reinante, hubo quienes llegaron primero y pillaron mejor asiento que los paganos de un abono más caro.
Pero vamos a que el Ayuntamiento espabila más cuando está el fútbol por el medio. Ya lo hizo en 2001, con el Sporting ahogado y aquella oferta irresistible del presidente del club, Juan Arango: «¡Véndovos Mareo!». Y el Ayuntamiento compró en cuestión de horas, al igual que hizo con las marcas rojiblancas; 2.025 millones de las viejas pesetas sobre la mesa y aquí no ha pasado nada.
En las Consistoriales no juegan con el deporte rey, tal vez por aquello de que el deporte se divide en dos: el fútbol y el resto. Y no queremos ser demagogos, pero repetimos que otros asuntos de la villa avivan mucho menos el seso de la municipalidad (que tiene el saneamiento integral parado desde hace un decenio, o el sistema ferroviario en el limbo, o los caminos rurales olvidados, o el saneamiento de la periferia del concejo a precio de oro, etcétera; todo esto no depende sólo del Ayuntamiento, pero se nota cuándo echa el resto y cuándo se confía).
Total, que sucede algo parecido a lo dicho por Winston Churchill al término de la II Guerra Mundial: «Los italianos pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol, y los partidos de fútbol como si fuesen guerras». Lo cual, traducido al solar gijonés, significa que el Ayuntamiento de Felgueroso entra mejor en zafarrancho de combate cuando se le pone delante su majestad el fútbol.