LADISLAO DE ARRIBA
Dos hoteles barceloneses de cinco estrellas han terminado estrellados. Problemas financieros y, posiblemente, una mala gestión empresarial les han llevado al embargo. Espero que la hostelería asturiana tenga presente este descalabro de unos establecimientos ubicados en una ciudad a la que es familiar el turismo de lujo, que tiene reconocida una categoría como sede de congresos y eventos internacionales, bien sean de carácter científico, artístico o balompédico. Su puerto es parada obligada de todos los cruceros de lujo que navegan por el Mediterráneo. Pero la crisis no perdona a este sector, porque si en algo hemos de ser comedidos es el gasto superfluo, en el lujo, en lo supercaro, sea o no glamouroso.
Muchos hoteles de muchas estrellas han sobrevivido en las costas españolas por haber reajustado (a la baja) sus tarifas y todos hemos visto anunciadas sus ofertas incluyendo media pensión y/o desayunos con buffet bien surtido.
A mis oídos llegó la justificación para seguir con sus obstinadas tarifas en el pasado verano gijonés: «Es que este agosto torea en El Bibio José Tomás y vamos estar a tope». No dudo que haya habido mucha expectación, pero creo que poca pernocta, entendiendo como pernoctar el dormir fuera del cuartel como se decía en la mili en los lejanos años en que yo era militar.
Todo el comercio ha ofertado rebajas, dos por uno, tres por dos o significativos descuentos. Los hoteles como esos barceloneses (Miramar y La Florida) no lo han hecho y ahora mismo, aún no acabado el verano, están embargados por un banco harto de morosidades e incumplimientos.
Decía un refrán, muy del gusto del sabio y comedido pueblo: ¡Muera el lujo, y quien lo «trujo».
Pues eso.