JAVIER NEIRA
Fue Marx quien definió la ideología como falsa conciencia. Lo suyo, claro, era ciencia. El caso es que la ideología impera desde lo políticamente correcto-progre y, entre otras muchas cosas, sentencia la visión oficial de la crisis económica que hoy celebra el cabo de año de la quiebra de Lehman Brothers. Vistas así las cosas:
1) Todo empezó en los años noventa cuando Clinton decidió que los desheredados de la fortuna tenían derecho a hipoteca como cualquier hijo de vecino. Pura falsa conciencia: no pudieron pagarla y el mercado financiero mundial -unos se pasaban la pelota a otros- fue infectado hasta que todo estalló en agosto de 2007. No fue una burbuja creada por los tiburones de Wall Street, sino un agujero fabricado por los demagogos de la Casa Blanca.
2) Hoy se cumple un año de la quiebra de Lehman Brothers, auténtica leyenda de las finanzas internacionales. La ideología pisó el acelerador: el capitalismo ha muerto, ¡viva el socialismo! Cómo sería la ofensiva que en unas semanas estuvimos a punto de reingresar en la Edad Media.
3) Llega a la Presidencia de EE UU un santo progre, toma medidas-inyecciones estatalistas o de puro abracadabra como la congelación del mark to market -vamos, esconder activos tóxicos y valoraciones reales- y el enfermo vuelve a respirar. Las bolsas se disparan.
Conclusión. Todo es ideología, luego falsa conciencia. Ni eran un avance las subprime, ni empezamos a regresar a la caverna tal día como hoy hace un año, ni nos ha salvado Keynes redivivo, ni hay brotes verdes que valga.
Ítem más. El escenario sobre el que actuó letalmente la demagogia hipotecaria estaba podrido por súper intervenido -no fallaron los controles, había demasiados; no existía burbuja, sino un fuerte crecimiento ahogado por los multicontroladores- y en semejante escenario los dirigentes son inevitablemente una banda de incompetentes y/o corruptos.
Liberalismo o vuelta la burra al trigo.