JAVIER MORÁN
Fue tal el optimismo y entusiasmo sobre la coyuntura económica de Asturias mostrado en un espacio radiofónico por el presidente Vicente Álvarez Areces que la conductora del programa, Monserrat Domínguez, de la Cadena SER, exclamó: «Emigremos al Principado». Y otra periodista allí presente sentenció: «Va a tener usted que adoptarnos a todos los españoles».
Pues nada: a todos aquellos que experimenten la orfandad económica a causa de la crisis habrá que buscarles hueco en esta Arcadia feliz, tal vez retrotrayendo la «Ciudad de la Cultura» de la Universidad Laboral a lo que fue la idea de su creación: un orfanato.
Un orfanato para huérfanos de mineros, cuando éstos morían a decenas cada año, pero que ahora podría reconvertirse a orfanato de víctimas del mal momento, a los que además se les ofrecería una formación en los más elevados y refinados contenidos de la creación actual y de las artes escénicas, merced al Centro de Arte y a Laboral Escena. Mejor un desempleado que entienda lo que es una «Unidad móvil en disolución», o la «Danza contemporánea a domicilio», o los «Nodos y redes», o la «Experimentación con imagen biomédica», o los «LABciberespacios», que un parado ayuno de todos estos conocimientos.
Un orfanato de hechura clasicista, al que se accede por un atrio corintio antes de pasar al despacho del presidente del Principado, donde las autoridades expresarían a los huérfanos económicos su paternal protección y la generosidad de sus recursos.
La reconquista económica de la nación comenzaría entonces en Asturias, del mismo modo que el ministro Girón, con un optimismo desbordante, pregonaba que «vamos a crear gigantescas Universidades Laborales, castillos de reconquista nueva, donde se formen obreros (hombres con trabajo) capacitados para todas las contiendas de la inteligencia. Rendir trabajo es poco, tenemos derecho a rendir Historia». Pues eso.