JAVIER MORÁN
Hay una espiral de barullo con los sobrecostes en la obra de El Musel que a este paso acabará en espiral de silencio, según aquella teoría de la profesora alemana Elisabeth Noelle-Neumann. El barullo patente se basa en lo ya dicho. Uno: el ministro de Fomento no quiere saber nada del caso gijonés. Dos: el presidente Areces sólo mira hacia un futuro portuario con deseados grandes ingresos que enjuaguen un crédito a 50 años para cubrir el sobrecoste (a causa de lo dicho en uno). Y tres: si bien IU, a través del diputado Valledor, apuntó maneras de querer llegar al fondo del asunto, ahora el coordinador de la coalición que cogobierna con el PSOE, Jesús Iglesias, dice que no ve procedente la comisión de investigación que el PP reclama en la Junta del Principado.
La teoría de la espiral del silencio postula que una mayoría de gentes, temiendo más la soledad que el error, calla sus opiniones ante los que defienden una postura minoritaria, la cual parece más fuerte de lo que realmente es, hasta llegar a ser dominante.
Definamos los términos. La «mayoría»: el ciudadano de a pie que uno se cruza por Gijón y dice que «ahí tuvo que pasar algo raro». Es una opinión vaga pero elemental. ¿Cómo entender que una obra de 600 millones acabe en más de 800, con un 42 por ciento de desviación? (No se vea un ataque de populismo en el hecho de recoger esta percepción tan generalizada; simplemente se trata de una apelación al sentido común).
La «minoría»: nuestros mandatarios regionales y locales (ya que el ministro Blanco se inhibe), los cuales articulan a capa y espada que todo ha sido normal y legal.
Esto lo van a repetir sin desmayo bajo el supuesto de que una idea repetida constantemente y difundida con insistencia acaba venciendo al sentido común. Es decir, cuando la mayoría se acabe viendo a sí misma como minoría pensante y viceversa.