J. M. CARBAJAL
No sé si son cábalas mías, pero temo que algo se está moviendo con discreción en las altas esferas del Partido Popular de Asturias. Viene esto a cuento por las abundantes muestras de afecto que viene recibiendo en las últimas fechas el que fuera vicepresidente del Gobierno en la época de José María Aznar, el gijonés Francisco Álvarez-Cascos. Y como patente botón de muestra, las que tuvo hace unos días en la Fiesta del Pescador, celebrada en la ciudad de Cangas de Onís, evento en el que se le tributó un sencillo homenaje a uno de sus íntimos amigos, el veterano ribereño cangués José Ramón Huerta de Dios, «Mocho». No podía faltar a esa cita veraniega, ni tampoco excusar su asistencia.
Álvarez-Cascos conversó en la vieja capital del Reino de Asturias con algunas de sus muchas amistades del oriente de Asturias vinculadas al arte de la pesca fluvial, pues de todos es conocida la afición que tiene el ex dirigente del PP hacia esa antiquísima tradición y, por supuesto, al mundo de la cultura ribereña, ahora en uno de sus momentos más bajos por la merma de salmónidos en las cuencas fluviales de la cornisa Cantábrica. Eso sí, también se acercaron a saludarle concejales populares cangueses y de otros concejos de la zona, algo lógico después del largo tiempo que el ex ministro de Fomento lleva apartado de la primera línea de la política nacional.
Desconozco sí Francisco Álvarez-Cascos va a dar el paso adelante para ser el candidato del Partido Popular en las próximas elecciones autonómicas. Sólo él despejará esa gran incógnita, aunque el nerviosismo parece florecer en cierta clase dirigente, tanto en las filas socialistas como en las del propio PP asturiano. Para los del PSOE a buen seguro que será el enemigo a batir, en el supuesto de que deshoje la margarita y retorne a la política activa, mientras que para los populares el regreso del ex ministro de Fomento podría desencadenar una verdadera «barrida» interna. Lo cierto, digan lo que digan, es que la figura de Álvarez-Cascos no deja impasible a casi nadie: unos le quieren, otros le odian.
Estoy convencido de que la vuelta del político gijonés levantaría el ánimo a los simpatizantes del centro-derecha del Principado de Asturias, tras el varapalo sufrido en la última cita autonómica asturiana. Y es que nada nuevo ofrece al electorado ahora mismo el cansino PP capitaneado por Ovidio Sánchez, condenado a seguir en la oposición durante algunos lustros más. Por rematadamente mal que lo haga el Ejecutivo del señor Areces a lo largo de los meses venideros, no veo que el actual aparato del PP regional consiga arrebatarle el Gobierno autonómico al PSOE. Aun más: la única cabeza pensante, entre los conservadores, con posibilidades de ganar a corto plazo a los socialistas en Asturias es la de Francisco Álvarez-Cascos. Conste que no estoy diciendo nada del otro mundo.
Con Álvarez-Cascos seguro que ciertos «profesionales» populares de la política regional se pondrían el mono de trabajo para dar un mayor rendimiento en la Junta General del Principado. Lo mismo, creo, ocurriría en bastantes de los ayuntamientos. Casos como el de Parres, con el PP votando unos controvertidos temas urbanísticos de la mano del equipo de gobierno mayoritario (PSOE e IU), y en contra de los informes de los servicios jurídicos municipales, o en Ponga, donde no se sabe a ciencia cierta si el PP va o viene, demuestran una absoluta falta de liderazgo entre los conservadores. Son ejemplos simples de lo que acontece en municipios del Oriente, donde los populares están en el meollo de la cuestión. A todo esto, ¿a qué esperan los ponguetos del PP para presentar la moción de censura?
Otro dilema bien distinto es la «batalla» interna que le pueda plantar el PP de Gijón, asunto sumamente espinoso cuando se trata de intentar ganar unas elecciones de ámbito regional. Sea como fuere, quizá la vuelta de Álvarez-Cascos esté cada vez más cerca, hastiados como están los populares asturianos de sumar derrotas electorales. No sé, pero me parece que 2011 -ya a la vuelta de la esquina- promete en el supuesto de que la gran novedad de los carteles sea la cara del ex ministro de Fomento. ¿Le sacarán a bailar en esa ocasión? La cuenta atrás ha comenzado.