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Zapatero, el omnisciente

n El Presidente y líder del PSOE prefiere al gregario agradecido que le secunda incondicionalmente

 
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Zapatero, el omnisciente
Zapatero, el omnisciente  

RAFAEL TORRES José Luis Rodríguez Zapatero no formó un Gobierno, sino que lo diseñó, concediendo al dibujo de la paridad, por ejemplo, más importancia que a la solidez de la estructura. Aquella preocupación por la estética social, más que por la técnica política, tal vez no se debiera tanto a un propósito publicitario o «fashion» como al convencimiento del Presidente de no necesitar, en realidad, Gobierno ninguno. Él solo, bien que asesorado por amigos a quien vampirizarles las ideas y las ocurrencias, se bastaría para urdir, proyectar y ejecutar las acciones de Gobierno, necesitando a los ministros no para las aportaciones singulares y la posterior deliberación colegiada de las mismas, sino para la puesta en escena de los designios presidenciales.

La atomización política de España, sustanciada en las transferencias de casi todo lo importante a las autonomías, vaciando en buena parte de contenido a los ministerios, le habría ayudado en ese diseño minimalista del Gobierno. Ahora bien, eso pudo funcionar, para él, con la mayoría de los ministros y ministras que fue eligiendo, pues, en puridad y con la excepción de Rubalcaba y algún otro, carecían de fundamento y de personalidad política, pero no podía mantenerse, y menos en una crisis económica como la actual, con Pedro Solbes, renuente a convertirse en un mero contable, y a lo último, la semana pasada, en un diputado del montón de los que vivaquean, sin voz, en el Congreso.

El problema de Zapatero, no obstante, no es que se crea muy listo, sino que acaso no lo sea, o no tanto como para permitirse el lujo de prescindir de lo que verdaderamente necesita, un puñado de ministros de categoría, expertos y talentosos en las diferentes áreas del Gobierno. Pero Zapatero es un hombre de partido, esto es, acostumbrado a vivir y a medrar en sus anfractuosidades, y no busca allí donde podría encontrar, extramuros del PSOE si fuera menester, la colaboración de calidad que necesita, sino que prefiere al gregario agradecido que le secunde incondicionalmente. Los lamentables efectos de ello los aprovecha, como es natural, un Rajoy que va de lo mismo, omnisciencia y paridades de moda incluidas, si es que no de peor.

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