LADISLAO DE ARRIBA
Un periódico de alcance nacional ha destacado en caracteres tipográficos de gran tamaño que los cargos del Partido Popular por asuntos de corrupción son más que los del Partido Socialista Obrero Español. Noventa frente a treinta y tres. Debería caerles la cara de vergüenza a ambos partidos. Pero la indecencia está reñida con la vergüenza torera.
Esto me ha traído a la memoria el estribillo de cierta tonada asturiana que dice:
«Que tan vaina
yes tú como yo,
que yo como tú,
que somos los dos».
Ante esta constatación del nivel de golfería que ha encontrado su comedero en la política, es preciso resaltar (toquemos madera) que Asturias (Patria Querida) ha salido incólume. No así la comunidad balear (la que más), Madrid, Galicia, Canarias, Andalucía, Murcia o Comunidad Valenciana.
Da asco reconocer que, de la totalidad de las autonomías, siete están (o han estado) en el pringue, pomada, unto (y si me lo permiten) mierda pura y dura en un período que va desde los años 2004-2009. ¿Les parecen pocas?
A mí me parecen las suficientes para poder considerar a los profesionales de la política contumaces del tejemaneje de la corrupción. ¿Cuántos encausados han merecido sanciones de su partido? ¿Cuántos han perdido su militancia?
Generalmente los partidos son aficionados a «pasar página», dar el carpetazo y enterrar el asunto en el Monte del Olvido, donde «están plantadas dos cruces».
¿Es que no cuentan con un código de honor que se aplique a militantes desvergonzados?