EUGENIO SUÁREZ
El hallazgo no es mío, sino de Manuel, catedrático prejubilado de Griego y de Latín, fino gastrónomo, notable cocinero y magnífico anfitrión ante cuyos manteles pasamos una grata velada en compañía de Concha y otro querido amigo. Avezado en lenguas muertas, experto en las vivas, lleva tatuado en su carácter el tiempo que pasó en Francia, que si transcurre en ambientes cultos y divertidos se echa en falta el resto de la vida.
No hablamos, ese día, expresamente de la entrañable «llingua», que acabarán por hacer poco simpática, a fuerza de retorcerle el pescuezo semántico, pero sí recordaba su traducida expresión de «bable», en la pronunciación inglesa, «beibol», que desmoronó muchos palos del sombrajo.
No hay en ello menosprecio alguno por las antiguas y afortunadas expresiones de este idioma local, que tanto queremos quienes entre sus fronteras pasamos nuestra vida. Para el que, como yo, ha vuelto a casa tras una larguísima ausencia, el hallazgo de los giros asturianos, del entrañable «patois» y su estructura gramatical, sin llevarnos al fanatismo de considerarlo una lengua poseedora de sintagmas sorprendentes, es fuente de delicias intelectuales. Si otros quieren llevarlo hasta los confines de prefabricar una jerga cuya mayor valía estribe en no ser comprendida, allá cada cual. Vivimos en un país libre, donde, precisamente quienes nos gobiernan, son los que inventan definiciones complicadas para que no nos enteremos de lo que está pasando. De ello se ha hablado hartamente para repetir argumentos muy reiterados que algunos reciben con disgusto. No siendo ése, ni mucho menos, el propósito que se persigue con estas líneas, déjesenos un poco de pequeña crítica bienhumorada y sigan produciéndose las promociones que sea menester -y más aún- y recompensen a cuantos dediquen la existencia, a falta de otra función, a embarullar los cerebros infantiles. Si un niño sobrevive a los estudios actuales, las clases de Educación para la Ciudadanía, la memoria histórica, la sustitución de las antiguas disciplinas por fantasías de perdedores, allá ellos. Lo importante es dominar el «beibol», pues quién nos dice que paseando por la Quinta Avenida no encontraremos a un pixueto, que, con un pequeño esfuerzo, entienda el asturiano, nunca sabré si clásico, normalizado o para azafatas.
Me gusta la palabra, confiere a la charla un aire cosmopolita, perfectamente compatible con las ingeniosas e inteligentes historietas con las que todos los lunes nos deleita Maxi Rodríguez. ¿A que sí, ho?