PACO G. REDONDO
PROFESOR DE GEOGRAFÍA E HISTORIA
Mejor tener un plan que no tener ninguno, lo de «E» se supone que será más por lo de fomento de la economía y el empleo que por España, palabra que hasta ahora a muchos acomplejados les daba alergia, reacios a reconocer que a mayores mercados y comercio suele haber mayor crecimiento económico, empleo y prosperidad. Afirman que ha permitido la creación en Asturias de 8.120 empleos: ¿precarios o estables? Al cabo, más vale poco que nada, y todo lo que suma, bienvenido.
Llama la atención el escaso número de solicitantes de la prestación adicional por paro de los 420 euros, cuando su percepción implica asistir a un curso de formación para desempleados; y la alerta de un crecimiento de la economía sumergida (servicios sin facturar el IVA, chapuzas a domicilio...) del 30 por ciento en este año: ¿se gana más en la economía sumergida, y en los datos del paro también hay picaresca?
Más que cambiar el modelo de economía social de libre mercado (¿por qué otro modelo?), en el caso español se trata de diversificarlo. El problema del «plan E» no es que sea sólo propaganda, pues de hecho crea empleo local, sino que es un parche coyuntural, y, por tanto, hay que hacer reformas estructurales: el dinero no puede emplearse principalmente en sostener cajas de ahorros ineficientes, sino en infraestructuras para impulsar la economía productiva: industria, transportes, comercio, turismo, investigación...
Cuando el PIB negativo de 2009 va a ser el peor desde 1959, con 4,5 millones de parados en 2010, y el déficit presupuestario superior al 10%, mal pueden gastarse 20.000 millones (otro 5% del presupuesto anual) en un «plan de economía sostenible» inconsistente. 10.000 millones podrían ahorrarse para disminuir la deuda pública, y otros 10.000 emplearse para licitar más obras públicas (han caído un 40% en el primer semestre de 2009).
Debería abordarse la racionalización del gasto sanitario. Asimismo, deben eliminarse los numerosos obstáculos que subsisten para la creación y cierre de empresas, mediante ventanilla única e internet; y deben reducirse las cargas administrativas. Necesaria es la flexibilidad del mercado laboral para propiciar la contratación indefinida y no caer en la trampa oportunista del todo gratis para todos, vía subsidios; vía de agua para la deuda galopante.
En el debate sobre el estado de la región la polémica gira en torno a si el presupuesto para 2010 debe ser contenido o expansivo. Los teóricos economistas suelen estar muy preparados doctrinalmente para superar las crisis anteriores. Otro gallo canta cuando se desinflan las siguientes burbujas, en el caso español financieras y sobre todo inmobiliarias, que si bien a la atlántica Asturias le afectan menos que a las grandes ciudades y el Mediterráneo, la arrastran por el contexto recesivo. Se habla del «plan A» para Asturias, con 100 millones de euros a cofinanciar por los ayuntamientos. Se trata de tener las ideas claras para fomentar la economía productiva y relanzar el crecimiento del PIB y el empleo: una carretera, un centro de salud, un parque, una escuela, un polígono industrial conllevan progreso económico y social; cambiar baldosas sería un brindis al sol.