JAVIER NEIRA
El próximo lunes se cumplirán cien años de la heroica muerte de Luis Noval Ferrao, carbayón de pro, que ha pasado a la historia como el cabo Noval, por su graduación y primer apellido, lo común en los militares que dejan huella. Dio su vida para evitar que la perdieran sus compañeros de armas, un acto de valentía y sacrificio supremos que hoy se va a recordar y agradecer en la calle ovetense que lleva su nombre con un acto castrense y la memoria de todos los hombres y mujeres de bien.
Vivimos -aún- tiempos en los que dar la vida en una acción bélica apenas se entiende y hasta puede llegar a considerarse como un gesto negativo. Digo aún porque sospecho que los valores están cambiando al mismo ritmo frenético que la crisis. Se acaba de publicar un estudio según el cual desde la reunión del G-20 de noviembre del año pasado -aquel encuentro dramático en vísperas, decían, de la desaparición definitiva del capitalismo- hasta nuestros días se han establecido a diversa escala planetaria 240 nuevas barreras proteccionistas. Cada cual defiende sus posiciones, y ya se sabe que primero se protegen con medidas comerciales -o sea, anticomerciales- y antes o después se acaban apuntalando a cañonazos, por no decir a misil limpio, para ajustarnos a una terminología propiamente contemporánea.
Ítem más, la crisis será larguísima o, para que no se asusten determinados oídos castos, las consecuencias van para muy largo. Y es que según recientes cálculos realizados en EE UU, un joven de 22 años estará pagando hasta los 79 años, en endeudamientos personales, sociales e institucionales, a razón de 30.000 pesetas al mes. Se dice pronto, toda la vida para compensar la burbuja inmobiliaria y sobre todo la burbuja de endeudamiento creada en estos meses para evitar el colapso de la burbuja inmobiliaria.
Los valores están girando como peonzas. Pronto se volverá a considerar en todo lo que merece el acto heroico del cabo Noval.