HIGINIO DEL RÍO
El historiador Fernando Carrera Díaz-Ibargüen (1877-1973), en un artículo titulado «Apuntes sobre los periódicos llaniscos», nos había dejado un revelador recuento: «El Oriente de Asturias» (aparecido en 1868, aunque no cobró continuidad hasta 1885), «El Hijo de Llanes» (1869), «El Fomento de Llanes» (1870), «El Correo de Llanes» (1893), «La Ley de Dios» (1894, cuyo director era Ángel de la Moría, el principal poeta llanisco), «Aceite para el Candil» (1895), «El Porvenir de Llanes» (1901, dirigido por Marcelino Álvarez, el maestro de escuela que enseñó a leer y escribir a un crío que luego sería famoso partisano socialista en la Guerra Civil: Manuel Sánchez Noriega, «El Coritu»), «El Pueblo» (1902-1937), «El Heraldo de Llanes» y «El Eco de Socampo» (editado en Nueva). Diez rotativos, nada menos.
Hay lugares que van unidos de un modo indisoluble a los periódicos, a los libros y a la fotografía, y Llanes es uno de ellos. La razón estriba, probablemente, en su condición de tierra de emigrantes, lo que mueve a buscar vehículos de comunicación, a satisfacer en la distancia la necesidad de dar y recibir noticias de la familia y del terruño, a dar cauce a una ingente información de carácter humano y minimalista, a intercambiar retratos y postales. En el caso de Llanes -que a principios del siglo XX llegó a contar con tres o cuatro estudios fotográficos profesionales al mismo tiempo- todo esto se ha ido traduciendo históricamente en la edición de publicaciones periódicas y en colecciones bibliográficas.
Jamás han faltado en los veranos llaniscos, por otra parte, periodistas y colaboradores de los grandes diarios nacionales. Aquí veranearon personajes como Ramón Pérez de Ayala y Fernando Vela, y esta tierra es hoy destino turístico de profesionales de distintos medios, que disfrutan y descansan en Llanes, que se involucran en el proceso vital de Llanes, que están perfectamente informados de la realidad de Llanes. Más que turistas, la mayoría de los que hemos visto este verano son ya vecinos nuestros de pleno derecho. El grupo más numeroso fue el de LA NUEVA ESPAÑA: Melchor Fernández Díaz se ha dejado ver, un año más, en el recital de la Coral San Martín de Sotrondio en la fiesta del Carmen de Celorio; Ángel Fidalgo, que es ya casi tan llanisco como el Picu Soberrón, se reconvierte en lobo marino y se hace a la mar junto a Ramón Batalla (un dúo a lo Woodward y Bernstein, los del «Watergate»), para ir a calamares; en Poo se han integrado desde hace tiempo Suso Cuartas y Salomé Suárez; en Cue, Mario Antuña; en la capital del concejo David Orihuela, y a unas millas de la costa, a bordo del «Punta Mendía», que patronea Vicente, el de Pimiango, Pepe Monteserín ha vivido al palangre la experiencia marinera, con vistas a su nueva novela. De «La Voz de Asturias», José Luis Álvarez -componedor de tertulias y partidas de mus en el café Madison- y el reportero gráfico Fernando Robles. De «El País», Fernando Granda. De la TPA, su director general, José Ramón Pérez Ornia, al que vimos en algún concierto junto a la antigua rula. De TVE, Rafael Avello. De la cadena televisiva Cuatro, Marta Reyero, y de Canal Plus, Quique Bueres (marido de la anterior). De Telecinco, Mario Picazo, «hombre del tiempo», y de la Cadena Ser, Luciano García, con 45 años de servicio en la radiodifusión asturiana.
Hemos topado, en fin, con el Cuarto Poder, en bañador y chanclas, pero con el bolígrafo siempre en ristre, como debe ser.