ALICIA ÁLVAREZ
Veremos qué pasa en los próximos meses». Con esta frase, a priori intrascendente, culminaba Woody Allen el monólogo interior de uno de los personajes más contradictorios de toda su filmografía: la joven Lee (interpretada por Barbara Hershey), estudiante frustrada, eterna aprendiz y hermana menor de la encantadora Hannah, con cuyo marido mantenía una tórrida aventura extramatrimonial. Pero esto último, digo la infidelidad o traición fraternal, no es lo que realmente daba fuerza a la frase. Lo interesante de esta escena es ver cómo Allen cerraba las contradicciones de este personaje, preso entre la culpa, el amor y el egoísmo, con una reflexión tan abierta y maravillosa como «veremos qué pasa en los próximos meses». Abierta porque Lee dejaba con ella que fuera el tiempo, o dicho de otro modo, lo que está por venir, quien decidiese cómo resolver sus problemas.
Y bueno, supongo que no fue arbitrario que el director neoyorquino enmarcase la frase en los muelles de Manhattan, ni que la escena transcurriera justo al final de septiembre. Más que nada porque la fecha, o sea, la llegada del otoño, es de esos momentos que, aunque una ya no sea estudiante ni tenga curso académico que comenzar, sigue creando la sensación interna de que todo vuelve a empezar. Es, en definitiva, una especie de tregua, un impasse en el que el calendario deja de ser testimonio del paso del tiempo para convertirse en una hoja en blanco que nos brinda la oportunidad de retomar, rehacer o hacer por primera vez. De ahí que sea en este mes cuando los gimnasios, academias de inglés, dietas o colecciones por fascículos registren su mayor adhesión.
Y bueno, supongo que recordé la escena, la frase y la paz que me produce siempre que veo la película porque si algo está caracterizando este cambio de estación es precisamente el empeño político de dar respuestas a la población. Un baile de cifras y letras que protagonizan cada día los medios de comunicación y que tratan de contestar lo incontestable: qué va a pasar, cómo será o cómo nos va a afectar lo que está por venir.
De ahí que Vicente Álvarez Areces se haya apresurado a asegurar que en 2010 en el Principado se mantendrá la presión fiscal y no subirán los salarios de los altos cargos; que el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades se haya curado en salud afirmando que la gripe A afectará a un 30% de la población de la UE durante el otoño y el invierno, y que el ministro de Fomento, José Blanco, certificase que en 2015 por fin llegará a Asturias la Alta Velocidad.
En definitiva, un sinfín de promesas que tratan de calmar la ansiedad general que ha provocado una crisis que, eso sí, nadie sabe precisar cuándo va a acabar. Veremos qué pasa en los próximos meses.