JAVIER MORÁN
Tal día como ayer, hace ya diez años, el 26 de septiembre de 1999, aparecía en este periódico «El Cormorán». No está nada bien hablar de uno mismo. Conviene más hablar de uno mismo consigo mismo que andar dando la paliza al prójimo. Pero sabrán ustedes disculpar la excepción. Aquel primer «Cormorán» se tituló «El periodista muerto», encabezamiento un tanto luctuoso que venía a cuento de que Giulio Andreotti acababa de ser exculpado de incitar al asesinato del periodista Mino Pecorelli, al que la mafia había vestido con un traje de pino. Concluía el texto con una afirmación optimista, con un credo que a día de hoy mantenemos: «Sin periodistas, o con ellos muertos, el mundo sería menos comprensible». La columna nacida aquel día llevaba el nombre de «Cormorán» por dos motivos. Primero, en honor a ese animal noble y resistente, que fue el primer ser vivo que volvió a verse en Vietnam tras haber sido arrasado el país por el napalm. Con los cormoranes reales acaban en la actualidad las escopetas, lo cual es triste para quien se ha acogido a su patronazgo. Pero, por otro lado, algo estimula el saber que la única manera de acabar con ellos es a tiros, como le pasó a Mino Pecorelli, que ya le estaba dando la lata demasiado a la Cosa Nostra y a algunos políticos. «Cormorán» es también un juego de palabras: «cor», corazón en latín, y Morán. Perdonen ustedes la cursilería, pero reconocerán que no se nota demasiado.
Y mientras no se den factores que recomienden lo contrario, parece que «El Cormorán» seguirá volando. ¿Cuánto tiempo? Cuentan que San Ignacio de Loyola le dijo una vez a un compañero: «¿Crees poder asegurar que vivirás un minuto más?». Pues eso: «El Cormorán» volará un minuto más; y, si es posible, otro más, y otro, y así sucesivamente.