ALEJANDRO
ORTEA
A la vista de lo habido el pasado fin de semana, no nos equivocaríamos mucho si dijéramos que entre nosotros han importado más las recientes elecciones alemanas que las portuguesas. Porque de otros asuntos indumentarios, así como de toreros, madres de hijos de toreros, estrellas del cine o la canción y demás emociones ya se ocupan otros más expertos. ¿Y de lo nuestro, qué? Pues tomemos un ejemplo reciente y cercano.
Estos días pareció existir un pequeño revuelo, tanto si atendemos a los alardes tipográficos como a los comentarios en la red, a partir de una pregunta de Rajoy al ministro de Fomento, acerca de la desviación presupuestaria muselina, que indudablemente es una enormidad. Se repitieron, por enésima vez y por casi todos, los ya conocidos argumentos que poco aportaron de nuevo. Sin embargo, parece que nadie se permitió recordar un hecho que es significativo y da que pensar: la existencia del llamado «Fondo de Compensación Interportuario», un instrumento legal creado para la redistribución de recursos económicos del que forman parte los 28 puertos de Interés General del Estado. Para el ejercicio de 2010, sólo cuatro únicos puertos de entre ellos - Ceuta, Melilla, Vigo y Vilagarcía- consiguieron más ingresos que los aportados a dicho fondo. Ello quiere decir que los puertos españoles, incluidos los dos asturianos de Avilés y Gijón, gozan de buena salud económica y que sus gestores tienen sus cuentas al día.
Gijón lleva, como tantos otros puertos, aportando muchos años al fondo más de lo que recibe; luego es de suponer que esos dineros hayan sido aprovechados por otros puertos, en ocasiones paradójicamente competidores. ¿Qué pasaría entonces si, porque vinieran mal dadas en algún ejercicio de éstos, tocara recibir a El Musel en lugar de dar, como viene siendo costumbre, a causa de la amortización de la deuda generada por la ampliación? Pues absolutamente nada, salvo que probablemente a los directivos de las covachas muselinas les daría mucha vergüenza -ellos son así de presumidos y fardones-, pero a los ciudadanos el asunto nos traería al pairo e incluso nos parecería cosa justa. Sin embargo, en todos estos dimes y diretes, nuestros repúblicos por babor y estribor parecen haber olvidado la existencia tanto del Fondo como el balance concreto del de Gijón.
Por eso -ignorancias del sistema portuario español aparte-, la actitud de la buena gente de Pili Pardo, por estribor, resulta tan chocante por lo que tiene de aparentar que están en contra de los intereses de nuestro pueblo y de nuestra región; y la pregunta parlamentaria de Rajoy tan extemporánea: es como si continuaran instalados en el «cuanto peor, mejor» de aquellas ominosas grabaciones hechas públicas hace un año. Y, por cosa parecida, resulta tan estrambótico que ni los covacheros portuarios ni la Consejería de Infraestructuras, por babor, pongan estas cartas sobre la mesa y cuenten, sin ir más lejos, el balance entre lo recibido y aportado al Fondo años atrás por El Musel que, en 2007, por ejemplo, dio casi 1,4 millones de euros.