ESTEBAN GRECIET
Si uno se viera en el trance de presidir un tribunal, aproximadamente popular, que juzgara a los protagonistas de cierto episodio, que parece trivial pero no lo fue tanto, producido el pasado día 21 a las puertas de la Universidad Laboral de Gijón -esa de la que se suprime el sustantivo y se oculta su origen como si hubiera brotado por generación espontánea en manos socialistas-, razonaría su sentencia al clásico modo:
Resultando que la ministra de Igualdad, doña Bibiana Aído (en adelante, BA), impulsora con ZP del aborto sin trabas, llegó en compañía de las autoridades para inaugurar los Encuentros Juveniles de Cabueñes y, tras el corto trayecto de la comitiva desde sus automóviles, fue abordada a las puertas por un presunto activista que manifestó su intención de hacerle un regalo, propuesta que la interesada recibió con una sonrisa.
Resultando que el supuesto obsequio consistía en la reproducción exacta de un feto humano de doce semanas, a cuya vista doña BA puso cara de horror, balbució un «¡Ya lo conozco!» y aceleró el paso, mientras el presidente del Principado se apresuraba a apartar la mano del supradicho activista al tiempo que advertía: «¡No es momento, no es momento!».
Resultando que la fuerza pública procedió a la detención del activista y lo condujo a un furgón policial, donde, identificado como el ciudadano avilesino Juan José Panizo (JJP, en adelante), sin antecedentes penales, fue interrogado y permaneció largo tiempo en las dependencias policiales, antes de ser puesto en libertad, no se sabe si con cargos.
Vistos el artículo 15 de la Constitución española de 1978; la sentencia del Tribunal Constitucional 53/1985, de 11 de abril, y su reiterada jurisprudencia; la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1945; el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, de 1966; el Convenio Europeo de Derechos Fundamentales, de 1950, así como el juramento de Hipócrates y cuantos documentos de autoridad son concordantes, además del reciente Informe del Consejo Fiscal sobre el Anteproyecto de Ley de Salud Sexual y Reproductiva, del que casi nadie habla.
Considerando la intrepidez del ciudadano JJP, de cuyo gesto se han ocupado la prensa, radio y televisiones nacionales, que sin duda representaba el sentir de muchos millones de españoles bien informados y respetables, cuyos criterios tendrían que haber sido estimados por aplicación del principio «ubi societas, ibi ius».
Considerando que el aborto provocado es una intervención no terapéutica que consiste, lisa y llanamente, en matar a un ser humano, y que, aún aceptado un peligro para la mujer ante un embarazo no deseado, no es el caso de los facultativos que lo practican, pues no comparten la dificultad ajena ni padecen estado de necesidad alguno, sino, muy al contrario, se lucran con su intervención.
Considerando que la batalla por la vida alcanza en estos momentos tintes dramáticos, y que la asociación No Más Aborto, a la que pertenece el ciudadano JJP, está haciendo llegar a los diputados y a periodistas destacados la reproducción del llamado «bebé Aído» -el mismo que JJP trató de entregar a la ministra en Cabueñes- para que consideren su postura ante el aborto provocado, mientras se prepara una gigantesca manifestación a favor de la vida para el 17 de octubre en Madrid, que en Asturias organiza el Foro de la Familia.
Fallo: Que debo condenar y condeno a doña Bibiana Aído, ministra de Igualdad (por despreciar el fundamentado convencimiento de media España de que estamos ante un crimen y no un derecho, así como también las evidencias científicas sobre el comienzo de la vida humana) a presenciar un aborto provocado de 22 semanas, de los permitidos en el anteproyecto, y a presentar después el cadáver del niño a su madre. También, a las penas accesorias de abucheo durante diez minutos de los manifestantes del día 17 de octubre en Madrid y al pago de las costas.
Otrosí digo que debo absolver y absuelvo, con todos los pronunciamientos favorables, a don Juan José Panizo Izaguirre por su ejemplar y entusiasta testimonio.
Así, por esta mi sentencia, lo pronuncio, mando y firmo.