JAVIER NEIRA
Los vecinos de la plaza de San Miguel de Oviedo y aledaños celebran hoy, por primera vez, una fiesta coincidiendo con el día del arcángel.
San Miguel lucha contra el demonio -contra Lucifer: estrella caída, que eso significa su eufónico y terrible nombre- con éxito evidente, aunque relativo, y es conocido, por eso, como el soldado de Dios. Le acompañan en la jornada de celebraciones el arcángel Rafael, médico, destacado sanador de Tobías, y el arcángel Gabriel, el que anuncia, el que recibió de María quizá la respuesta más impresionante de la historia: fiat.
Los vecinos de la plaza de San Miguel y aledaños tienen previsto para hoy un apretado programa de celebraciones en el que se incluyen una carrera en madreñes, comidas copiosas, la actuación del cantante Pipo Prendes y otras citas más, tan obvias como saludables. Sin embargo... conviene advertir que el nombre de la plaza no se debe al arcángel del que hoy es su día, sino al general gijonés Evaristo Fernández San Miguel y Valledor, duque de San Miguel, ministro de Estado y de la Guerra, liberal de los que ejercían, director de la Academia de la Historia y autor de la letra verdadera del himno de Riego que en una de sus mil versiones parafraseadas y apócrifas dice algo que mal se compadece con el santo armado: «Si los curas y frailes supieran / la paliza que les van a dar / subirían al coro cantando / libertad, libertad, libertad».
Supongo que no se ha producido realmente un equívoco, sino simplemente una ocasión, aún en los primeros días de este otoño que parece verano, de manera que con la disculpa de un nombre, el que sea, de lo que se trata es de pasarlo bien con mucha sidra y más felicidad. Además, dicen, es el remate de San Mateo.
Bendita sea la celebración, que la danza salga de la panza y que no se olvide que a fin de cuentas todo quedará entre militares: si uno ejerció como soldado de Dios, el otro fue general de la libertad, que no es lo mismo, pero casi.
Los vecinos de la plaza de San Miguel de Oviedo y aledaños celebran hoy, por primera vez, una fiesta coincidiendo con el día del arcángel.
San Miguel lucha contra el demonio -contra Lucifer: estrella caída, que eso significa su eufónico y terrible nombre- con éxito evidente, aunque relativo, y es conocido, por eso, como el soldado de Dios. Le acompañan en la jornada de celebraciones el arcángel Rafael, médico, destacado sanador de Tobías, y el arcángel Gabriel, el que anuncia, el que recibió de María quizá la respuesta más impresionante de la historia: fiat.