LUIS ARIAS ARGÜELLES-MERES
Recordemos, hermanos, recordemos, que allá por el año 95 Gabino de Lorenzo cosechó una victoria electoral memorable. Se iniciaba, así, su segundo mandato al frente del Consistorio vetustense. Y, entre el 91 y el 99, la estética gabiniana se hizo omnipresente en la capital asturiana. Y es el hecho que 14 años después del 95, si usted se pasea por las villas asturianas, también en el Occidente, se va a encontrar con muchos detalles que ponen de relieve la gabinización de Asturias, especialmente en las capitales de concejo. Adoquines, jardineras, aceras e, incluso, el mismo arbolado, con un importante hecho diferencial: no proliferan las llamadas farolas isabelinas, por lo común, las que más abundan son las de siempre, cuyo aspecto es estilizado en grado sumo, casi anoréxico, pero no descartemos que las «farolonas» acaben llegando. ¿Por qué no?
Y, por otra parte, dado el avance imparable de la estética gabiniana en Asturias en general y en las villas del Occidente en particular, habría que dilucidar algo de extraordinaria importancia: si, con el tiempo, va a prevalecer ese gusto por lo abigarrado, de forma que no hay esquina que se precie sin una escultura, creo que, dadas las circunstancias, se impone una propuesta que, en su momento, habrá que formularla con toda solemnidad: si es tradición en Europa el ya clásico monumento al soldado desconocido (por lo que se ve, la vecindad se comunica poco por esos lares), en las villas del occidente asturiano habría que considerar muy seriamente la conveniencia de que los artistas de cámara fuesen pensando en el homenaje al pueblerino conocido, pero no reconocido.
Déjenme que me explique; aunque no podamos poner en duda los afanes y desvelos en pro del medio ambiente por parte de los responsables políticos locales, lo cierto es que, al no haber recogida selectiva de basura en muchas aldeas, existe el pueblerino no reconocido que lleva los plásticos, el papel y el vidrio a los contenedores de las villas. Lo cierto es que, al no haber servicios de recogida de somieres, colchones o televisores en todas las poblaciones rurales, existe el pueblerino no reconocido que se las apaña para llevar esos cargamentos el día del mes en que se activa ese servicio en la villa más cercana.
Monumento, pues, al pueblerino no reconocido, pero cuidadoso del medio ambiente.
Y otra cosa más: dado el impacto visual de los parques eólicos, ¿por qué no acometer alguna propuesta estética de choque? Verbigracia: que bajo los aerogeneradores se vea la figura de un don Quijote intentando presentar batalla a esos colosos a lomos de su rocín huesudo y exánime.
¿No parece del caso incorporar estos dos hechos diferenciales en las villas del Occidente que darían un innegable toque de originalidad a esta estética gabiniana que se impone por momentos entre 15 y 20 años después? Gabinización de Asturias. Que nadie ponga en duda, porque el asunto es muy serio, que, en el futuro, se verá y se dirá que la estética gabiniana no sólo transformó el aspecto de Oviedo, sino que, poco a poco, se fue haciendo extensiva al resto de Asturias. Primero, al centro, y, de un tiempo a esta parte, puede verse y contemplarse también en muchas de las villas del Occidente.
Nada de extraño tiene que esto suceda: al fin y al cabo, se trata de un modelo triunfador que viene recibiendo el aval ciudadano en cada cita con las urnas, y, desde el 95 hasta ahora, el primer edil de Vetusta siempre estuvo sobrado de ediles de su lista para formar equipo de gobierno. Ni una sola victoria pírrica desde entonces, unas menos abultadas que otras, pero siempre con sobrantes.
La gabinización de Asturias llega al Occidente adelantándose a los tramos de autovía que van de retraso en retraso y tiro porque me toca.
Y, en todo caso, ¿a que es un signo inequívoco de progreso que en cualquier villa del Occidente puedan verse los mismos tacones de aguja sobre un pavimento que sea calcado al de la mismísima calle Uría de Oviedo? ¡Casi nada!
Lo que hay que tomarse con calma es el debate de cómo distribuir las esculturas por las calles y plazas de las capitales de los municipios.
No habrá una Regenta para que los turistas se fotografíen con ella, pero no quedaría mal hacerlo al lado del pueblerino con conciencia medioambiental que hasta ahora no tiene reconocimiento público. Ni artístico.
¡A ello, pues!