JAVIER NEIRA
No hay duda de que el acontecimiento asturiano más importante desde el 25 de mayo de 1808 hasta nuestros días fue el golpe de Estado de 1934.
Pero, ya se ve, hasta en la denominación se intenta ocultar su innegable naturaleza; y es que si un golpe de Estado lo da la izquierda es una resuelta revolución popular.
En octubre del 34, el PSOE, acompañado de anarquistas, comunistas y demás demócratas de toda la vida, se levantó en armas contra la República. De resultas murieron 1.500 personas, Oviedo quedó arrasada, la Cámara Santa -un conjunto de fe y arte único en el mundo- destruida y la caja fuerte del Banco de España, saqueada. Sí, querían cambiar el mundo.
El golpe fracasó, pero las autoridades, una mezcla de católicos cobardones y cursis acomplejados, perdonaron a los golpistas; entre ellos, Largo Caballero, Prieto y demás líderes máximos del PSOE. Hubo apenas dos fusilados: el sargento Vázquez, que había matado a 32 guardias civiles, y el Pichilatu, un psicópata especializado en asesinar a mujeres y niños.
Fue el arranque de la Guerra Civil al esfumarse la legalidad. La izquierda lanzó inmediatamente una campaña internacional formidable y, como siempre, convirtió a las víctimas en verdugos a cuenta de una represión que, frente a la verdad, dos fusilamientos, llegó a cifrar en 5.000 paseados.
A estas alturas lo que cuenta es que los retratos de Largo Caballero y Prieto están colgados en todas las sedes del PSOE, y González Peña, el generalísimo del golpe en Asturias y saqueador de la caja fuerte del Banco de España, readmitido reciente y simbólicamente en el partido. ¿Cuándo la izquierda española será democrática?