JAVIER MORÁN
Se incrementa el runrún de que Francisco Álvarez-Cascos está volviendo a la política. Reuniones, contactos, etcétera. ¿Es Asturias su destino? ¿Madrid, tal vez? Hoy por hoy tendría el camino más alisado si la cosa dependiera de Esperanza Aguirre, pero Mariano es Mariano. El hombre desbordado.
En cuanto a la hipótesis asturiana, hay silencio en el Partido Popular, que luego devendrá en terror paralizante. Como cuando Fraga volvió al partido tras el experimento de Hernández Mancha. Volvía el de Villalba y el PP fue un grito unánime: cuerpo a tierra.
Puede que cambien los mapas políticos de Asturias y esto afecta también al PSOE. Álvarez Areces ha repetido muchas veces durante el verano que agotará la legislatura. Tanta insistencia podría ser indicio de que se insinuaba un cambio antes de terminar el cuatrienio, según el procedimiento aplicado en su día con Francisco Vázquez, que se fue camino de la embajada cerca de la Santa Sede. ¿Una embajada para Álvarez Areces en algún país de relumbrón? Nos cuesta trabajo creerlo, pero en algunos mentideros socialistas se habló de ello.
No obstante, volvamos al hecho comprobado de la repetición del mensaje arecista: culminar el mandato. ¿Un acuerdo transaccional? ¿Areces permanece hasta el final, pero a cambio de no dar después la batalla para repetir como candidato? También se comenta esto, a la vez que en el entorno del Presidente se preguntan: «¿Acaso le hace daño al partido -esto es, a la formación política como tal, donde el centro de poder sigue en el mismo sitio- que vuelva a ser candidato?
Pero ya decimos que el retorno de Cascos por la derecha no sólo podría cambiar la cartografía de su partido, sino la del prójimo político. ¿A quién tiene el PSOE para hacerle frente? ¿Al silencioso y meditabundo Javier Fernández, un diamante por descubrir? ¿O al extrovertido y entusiasta Areces, pese a que su peso en el partido no supera el 13 por ciento de apoyos inquebrantables?