JAVIER NEIRA
El cartero siempre llama dos veces y no me refiero a Gallardón y su formidable negocio consistente en perder sistemáticamente las elecciones olímpicas. Y es que si gana se acabó el cuento. Sin embargo, fracasando y reincidiendo puede volverse eterno.
Hace mucho tiempo que descubrieron eso mismo en el PP asturiano. A cada derrota redoblan la euforia. Es la forma de asegurar la reelección como oposición y los réditos innegables de semejante estatus. Gallardón lleva dos elecciones olímpicas perdidas que se han traducido en viajes, comilonas, contactos, dispendios, impuestos y regalos como nunca habría soñado. Ahora, a por la tercera, que no hay nada como fracasar para ganar personalmente.
A lo que iba: José María Aznar suena para presidir la UE. Como se sabe, el Tratado de Lisboa, a punto de ratificación después del paso dado en Irlanda, prevé la creación por primera vez de la figura del presidente permanente de la Unión Europea. Un cargo que habrá que elegir próximamente y que será efectivo durante dos años y medio.
En el bombo de la lotería están saltando ya las bolas con los nombres de Blair y otros líderes. El premio es el cargo. Pero también cuenta Aznar, que, dicen, es el candidato de la fracasada Merkel, que es quien manda en Europa con el permiso -incluso sin él- de Sarkozy.
Aznar es el político europeo en semirretiro con mejor currículum. Sus ochos años al frente del Gobierno español fueron magníficos con un crecimiento y un desarrollo como no se veían desde Cánovas y aun antes. En Europa llegó a ser una leyenda -aquí se creaban más puestos de trabajo que en Francia, Inglaterra y Alemania juntas- y no fue derrotado, sencillamente limitó sus expectativas y se largó para casa.
Vistas como hay que ver las cosas, Aznar al frente de Europa sería la puntilla para ZP, ergo una bendición para España.
(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente la sonata para piano «Los adioses», de Beethoven).