JAVIER MORÁN
Las últimas noticias cuentan algo sorprendente, pero cargado de lógica. Desde que hay crisis, el Ayuntamiento recoge menos basura. Ya decimos que la cosa es de una lógica aplastante puesto que, una de dos, o se consume menos y hay menos que tirar al cubo, o se aprovecha mucho mejor todo y el hueso del jamón acaba como el de Carpanta, pelado casi hasta el tuétano.
De hecho, hay un dato apreciable que ustedes habrán notado a poco que recorran la ciudad por la noche. La burbuja inmobiliaria tenía también sus derivaciones mobiliarias, a saber: si no había para comprar un piso nuevo, al menos se podía reamueblar el viejo. De este modo, las aceras se veían invadidas por viejos muebles y enseres, pendientes de recogida municipal, y hasta el punto de que en ocasiones se tiraban piezas de una correcta madera que seguramente habían sido sustituidas por muebles más a la moda, pero de contrachapado (por ello sólo en apariencia éramos más ricos).
Pues bien, la abundancia nocturna de residuos mobiliarios ya no es tal, al menos a primera vista; y, por otro lado, la recogida de basuras ha caído en proporción directa a la influencia del mal momento.
Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica lo más temido: que levantar el país va a costar cinco años. Suerte que algunos ministros, tras la pésima noticia, nos han alegrado el día al asegurar que este ente se equivoca mucho, ya que no predijo la crisis mundial ni por el forro. Sin embargo, el fortísimo desempleo y el millón de viviendas sin vender parecen inclinar más la balanza del lado del FMI que del de nuestros mandatarios.
No obstante, por si no sabemos a qué carta quedarnos, propondremos aquí un método algo desagradable, pero probablemente bien encaminado. Abran cada noche el contenedor de basuras que hay delante de su casa y observen el contenido.
-Pues hoy lleva más mierda que ayer.
-Cojonudo, se acabó la crisis. A celebrarlo.