CONSUELO SÁNCHEZ-VICENTE
Seguramente es cierto lo que dice Soraya Sáenz de Santamaría de que el PP es parte perjudicada del «caso Gürtel» porque hay «gente» que se ha enriquecido a costa de sus militantes. Con la salvedad de que esa «gente» es gente suya, con el carné del partido de la gaviota, además de los presuntos del clan de Vito Correa; de acuerdo con que la inmensa mayoría de los militantes populares son parte perjudicada por la «Gürtel». Descartar, como ha hecho, y sin escapatoria alguna, «por completo», que, además de ante el fiestorro de los cuatro frescos y los cuatro sinvergüenzas desvelado hasta ahora, estemos ante una trama de financiación por lo menos irregular del PP nacional o de alguna de sus federaciones regionales, me parece, sin embargo, temerario por su parte.
La portavoz parlamentaria del PP viene utilizando la teoría de la conspiración a modo de paraguas desde las primeras filtraciones del «caso Gürtel», y ayer ha vuelto a hacerlo. Ha recurrido de nuevo a que la Fiscalía «parece que está a las órdenes» de la vicepresidenta primera, De la Vega, para perseguir políticamente al PP. Al principio puede que sirviese el artificio, pero creo que ya no. La fuerza que ha ido adquiriendo el «huracán Gürtel» en su loco girar creo que le arrancó hace tiempo al PP el paraguas de las manos. Podía haber escampado, a veces ocurre. Pero el «Gürtel» no escampa, arrecia. Y el escándalo político no va a menos, sino a más.
El boquiabierto personal está ya al borde de que se le desencaje la mandíbula. De asombro. No porque cuatro frescos se lo monten con cuatro sinvergüenzas para saquear el dinero público, tampoco porque les salgan garbanzos negros en el cocido, que eso ocurre en los mejores fogones, y menos aún porque no haya que dejar a los jueces hacer su trabajo. No. Por lo que los ciudadanos, en mi opinión, están al borde de que se les desencaje la mandíbula de asombro es por la cachaza infinita de Rajoy mientras la «tela de la araña Gürtel» seca toda estrategia de oposición del PP. El líder del PP tiene la obligación de defender a su partido también de sus propios garbanzos negros. Y, en algo parecido a un intento de rectificar, Rajoy aseguró ayer que el PP «no mira para otro lado ni lo va a hacer nunca», y anunció que va a exigir responsabilidades a aquellos que han hecho «lo que no debieron hacer». Más le vale, y en serio, porque si no serán la sociedad española y los votantes del PP quienes se las exijan a él.