JAVIER NEIRA
Sobrino de Mitterrand, ministro de Sarkozy, defensor de Polansky y acusado de pedofilia: menudo currículum.
Y es que Frédéric Mitterrand es el autor de un libro en el que, entre otras muchas cosas, relata su afición a «pagar por chicos», aun sabiendo lo que hay detrás de la prostitución, porque le «excitan enormemente todos esos rituales de feria de efebos, de mercado de esclavos».
Ítem más, Mitterrand hace unos días, y aunque parezca increíble, salió en defensa de Polansky, detenido bajo la acusación de violar y drogar a una menor y entonces alguien revisó su libro y todo ha empezado a encajar.
El asunto encadenado es tan grave que solo se explica por la corrupción infinita de las castas dominantes en los países occidentales que gozan no solo de impunidad para cometer toda clase de delitos sino que incluso pueden relatarlos urbi et orbi y encima convertirse en defensores de otros delincuentes de su ralea y nivel.
Ante semejante panorama es lógico que avancen imparables los movimientos fundamentalistas, rigoristas y puritanos islámicos. Como dice cierto eslogan nihilista, crecientemente de moda, si esto es la vida, viva la muerte.
Siempre ha habido pervertidos y hasta límites verdaderamente repugnantes; lo novedoso es que formen parte de los gobiernos y encima se erijan en defensores públicos de la libertad... de otros degenerados como ellos. Y todo ante una ciudadanía pasiva y silenciosa ya que en las sociedades de masas la opinión pública circula de forma inevitable a través de los medios de comunicación que mayoritariamente, a la vista está, contemplan con indiferencia, cuando no con simpatía, a esos depravados ya que forman parte de la alta sociedad, tan envidiada y emulada que resulta intocable.
No es de extrañar, en ese contexto, el éxito creciente de la autoedición, de internet, de la red libre, en la que sí aparece la náusea incontenible que a la gente de bien, inmensamente mayoritaria aún, le provoca tanta basura.