JAVIER MORÁN
Han levantado parte del secreto sumarial del «caso Gürtel» y huele fatal, así que cuando lo levanten entero la peste podría volverse irresistible en los alrededores de ese PP que se ha demostrado como un perfecto manga por hombro. Y dentro del cuadro general, el protagonismo más patético recae sobre un hombre desbordado, Mariano Rajoy, que de mano predica la «indiferencia» hacia lo revelado y después se va dando poco a poco cuenta de que la cosa clama al cielo y de que sale en todos los periódicos con gran despliegue, y que la disculpa de que los populares son unos pobrecitos perseguidos ya no se la cree nadie.
En Asturias, región no gobernada por el PP y regida durante poco tiempo por los populares y en tales circunstancias de tensión interna que no dio lugar a la aparición de chorizos, los mandatarios Ovidio Sánchez, Gabino de Lorenzo y Pilar Fernández Pardo han enmudecido. Queremos decir que la cosa los pillará lejana, pues ha de observarse que la trama corrupta alcanza especialmente a comunidades bajo gobierno del PP, o sea, donde el poder significa que se puede adjudicar a dedo o fraccionar facturas para que no lleguen a los 12.000 euros y se escapen al concurso público.
Total, que el Estado y Rubalcaba, que no tienen malos medios para pinchar cualquier teléfono, persiguieron a estos muchachos de las facturas fraccionadas a cambio de regalos diversos y han pillado un filón extraordinario, porque, además de corruptos, eran horteras y se contaban los unos a los otros lo feliz que fulanito era con un peluco de 20.000 euros o con una xarré de importación. Pasará de mala manera que haya malos políticos, pero que encima sean bobos de ostentación es ya la rechifla. Y que su partido no haya detectado antes estas vergüenzas deja al PP hecho trizas.
En cuanto a la provisión de carne, o servicio de señoritas, a ciertos políticos untados, la maniobra resulta perfectamente coherente con el resto de los obsequios. Hay repúblicos a los que les gusta que los vistan, y entonces se les regala trajes; y otros que prefieren ir en pelo, y Correa les colocaba una tía.