ISABEL MENÉNDEZ BENAVENTE
PSICÓLOGA
Vamos a poner una metáfora muy simple. Usted se encuentra un bulto en el pecho. Pero está convencida de que es un quiste de sebo. Se niega a ir al médico, a realizar mamografías, etc, etc... Su familia, que lo sabe, le insiste en que debe tomar la decisión y que al menos, y hasta que tengan los resultados, la duda está ahí, que habrá que hacer biopsia... Pero usted, erre que erre, dice que no, que hasta que aquello no duela o le moleste, o se sienta usted muy mal, no es nada... y claro, en unos meses usted va y la palma, porque la metástasis no perdona cuando los males no se atajan a tiempo.
Es exactamente lo que le está pasando al Partido Popular. No sólo es que aquéllos sobre los que recaiga la mínima duda deberían, por vergüenza torera, irse por ellos mismos o al menos para no hacer daño a su «familia», aunque uno crea que no es nada, que el bulto es grasa; o sea, que es inocente pero del todo. No es sólo eso, es que la misma «familia» debería haberlos obligado a ir al médico; o sea, irse del partido, hasta que sepamos si es benigno o maligno. Porque el tumor está ahí, y puede acabar afectando no sólo a la mama, sino evidentemente a todo el cuerpo. Y el cuerpo en este caso es el Partido Popular... y no el de Valencia, o Madrid, sino el de toda España: millones de simpatizantes y muchos militantes que asisten atónitos a un espectáculo bochornoso en el que su máximo líder no da un puñetazo en la mesa y dice ¡ fuera!, aunque luego tuviera que acogerlos nuevamente en su seno, si como dicen no son culpables de nada, tras el juicio pertinente.
Entonces sería el momento de hablar de conspiración e interponer todas las demandas que quieran por calumnias, injurias y pidiendo las responsabilidades oportunas. Está claro que se ha llevado a cabo una investigación exhaustiva, con filtraciones judiciales inaceptables, con unos medios, del Estado, que llegan a grabar la conversación entre abogado y cliente, y que todo esto implica también un cierto abuso que ha contado con medios extraordinarios, porque el partido en el poder tiene mucho que perder, con la que le está cayendo.
También tengo por meridiano que si hiciéramos lo mismo en muchos otros partidos, descubriríamos «bigotes» por doquier. Pero lo uno no tiene que ver con lo otro. Como dice el refrán: «la mujer del César no sólo debe ser honrada, sino también parecerlo» y esto en política parece que no se aplica, ni aquí ni en ningún otro partido. Así que parece que Esperanza Aguirre ha empezado a actuar con la quimioterapia preventiva, de momento. Yo les aconsejaría desde aquí que si tienen que amputar, aunque duela mucho, amputen, pero que esa amputación, simple y llanamente, les puede salvar la vida...
PD: Y ahora, todos yanquis... hay que ver lo del Nobel de la Paz a Obama... De verdad que me parece surrealista. Cada vez resulta más odiosa la política. Qué asco.