JOSÉ LUIS POYAL
En una encuesta realizada en veintidós países sobre la valoración que les merece el Gobierno a sus respectivos ciudadanos, España figura en cuarto puesto de peor calificación. Además se sitúa en el grupo de países más pesimistas respecto a la salida de la crisis. Solamente 3,8 puntos, sobre una escala de diez, es la nota en «confianza» que otorga la ciudadanía al Gobierno de Zapatero para superar la recesión económica.
Al margen de esta puntuación, la falta de credibilidad se extiende a otras áreas, como la reforma de la justicia, la educación, la lucha contra la corrupción, los nacionalismos radicales y algunos capítulos más, evidenciando una alarmante pérdida de confianza.
Tal sentimiento generalizado, está motivando conductas de autodefensa, como lo indica el crecimiento desproporcionado del ahorro. Ante un futuro incierto, el ciudadano reacciona mediante una drástica reducción de los gastos y trata de salvar sus recursos para los momentos más agudos. Hay miedo.
El presidente Zapatero no pierde ocasión de pedir a los españoles que mantengan la confianza. Ha llegado, incluso, a mezclar conceptos, pidiendo que se tenga fe «no ya en el Gobierno, sino en España, para como en otras ocasiones salir del túnel».
La respuesta podría ser muy dura por tanta manipulación y desplazamiento de responsabilidad. En cualquier caso conviene recordar que en los regímenes democráticos la confianza está en la raíz del sistema, porque los representantes del pueblo ostentan el poder sólo porque los ciudadanos se lo han «confiado» temporalmente.
La confianza no se compra, no se impone, no se fabrica. La confianza se inspira.
Genovesi, un clásico de las ideas, decía: « La confianza pública es la base de toda la sociedad civil».
Si la ciudadanía afirma sus percepciones de que se incumplen promesas electorales sustituyéndolas por propaganda y parches improvisados, que el Gobierno se ve acometido por un temor desmedido a perder el favor de los sindicatos o al desgaste electoral, se dan todas las condiciones para acelerar la desconfianza.
Se podría añadir, además, un factor peculiar de Zapatero que favorece la desconfianza y el pesimismo colectivo. Orwell llamó «doublethink» (pensamiento dual) a esa llamativa capacidad para albergar simultáneamente dos pensamientos contradictorios y ser capaz de aceptar ambos. En el mundo de la política es destructiva y lleva al caos. Pronto habrá ocasión de comprobar el comportamiento de esta rara habilidad, por que la sentencia del Tribunal Constitucional está al caer.