JAVIER MORÁN
Elevamos un poco la mirada, a ver si hay noticias estimulantes por el mundo, o en el planeta mismo, y nos encontramos con un descubrimiento de la NASA, realizado mediante los satélites que observan puntillosamente el Ártico (y, de paso, suponemos que también le echarán un ojo a los ingenios militares que Putin pueda tener ocultos en la Tundra rusa).
Pues bien, la NASA dice que el hielo del Ártico no mengua, sino que aumenta con brío: en este 2009 hay 700.000 kilómetros cuadrados más de carámbanos que en 2008, y un millón más que en 2007.
Caramba. En 2007 le dieron el premio Nobel de la Paz al ex vicepresidente Al Gore, predicador del cambio climático e instructor de conciencias, y ahora resulta que no habrá que tabicar la playa de San Lorenzo para que cuando se derritan los polos el mar no nos devore el arenal.
El mejor escribano echa un borrón, y los premios creados por el dinamitero Alfred Nobel tampoco están exentos de que la historia les de la vuelta a los galardones. O tampoco se libran de que al otorgarlos con gran proximidad a los acontecimientos causen la perplejidad que en su día produjo el galardón dado a Kissinger y al líder norvietnamita Le Duc Tho, en 1973. Pero la guerra del Vietnam duró más allá de tal año, así que Duc Tho renunció al premio, aunque Kissinger prefirió mantenerlo en su estantería.
A Kissinger se le pilló después varias veces con el carrito del helado: golpes militares en Chile, Uruguay o Argentina; contribución a la liquidación sistemáticas de «rojos» en Latinoamérica; bombardeos secretos en Laos y Camboya; apoyo a reputados genocidas como Suharto, etcétera. Un verdadero historial de paz. Al menos, al ex presidente Jimmy Carter le dieron este Nobel cuando ya era muy mayor y había pateado el mundo con grandes intenciones.
¿Y Barack Obama? A saber... Obsérvese que el Nobel de la Paz no garantiza nada, porque al mentado Kissinger lo persigue hoy en día hasta el juez Garzón.