JAVIER NEIRA
Lo que cuenta es que 75 años después aún impera la versión estalinista de los sucesos de 1934. Empezando por la denominación -ya se sabe que quien pone los nombres manda absolutamente: es atribución divina-, así que se sigue hablando de revolución, aunque sea evidente que se trató de un golpe de Estado. El fenómeno es general, ahí está, mismamente, toda la autoproclamada intelectualidad planetaria riéndole las gracias a Castro.
Cómo será la manipulación del 34 que se oculta o apenas se recuerda lo fundamental: la CEDA ganó las elecciones democráticas de noviembre del año anterior ¡y no se le permitió ni tener un ministro en el nuevo Gobierno! Tampoco se dice que el partido de Azaña, supuesta personificación de la República, sacó de aquélla apenas cinco diputados. Los comunistas sólo uno: siempre se puede hacer peor.
Encima se sigue alegando que la entrada, al fin, de la CEDA en el Gobierno desencadenó el golpe de forma inmediata cuando la verdad es que un mes antes había sido apresado el «Turquesa» en San Esteban de Pravia lleno de armas y que los preparativos del golpe, como está archidocumentado, venían de muchos meses atrás.
Desde hace un par de años se maneja una teoría conspiranoica especialmente retorcida: la destrucción de Oviedo no fue cosa de los golpistas, sino de la Aviación republicana. Delirante.
Dándole vueltas llegué hace poco a una explicación de semejante dislate. ¿Quién era el segundo jefe de Ejército que la República envió para sofocar el golpe? El general Franco, así que, acabáramos, fue Franco quien destruyó Oviedo.