JAVIER MORÁN
Leemos en las crónicas que muchos dirigentes y cabezas del PSOE asturiano ya dan por hecho que Javier Fernández, secretario general de la FSA, será el candidato de los socialistas en las elecciones autonómicas de 2011. A la vez que dicen esto, aseguran que no conviene decirlo, para no darle bazas al Partido Popular.
En efecto, tanta claridad velada, o tanta veladura esclarecida, significa que han echado a los pies de los caballos al presidente Vicente Álvarez Areces. Esto lo decimos con dos matizaciones: Areces no es precisamente una persona manca para saber defenderse, y, por otro lado, la oposición asturiana de los populares es tan vaporosa que al Presidente le seguirá pareciendo una pompa de jabón.
Sin embargo, cuando no brilla una oposición férrea, lo que sucede es que predomina la patada en las espinillas o el puñetazo en el bazo. Por tanto, con esos modos y con la coartada que la cúpula socialista les brinda, el Partido Popular dispone de vía libre para realizar una oposición todavía más marrullera.
Pero además de la estricta circunstancia política, que generalmente aburre a los asturianos, habría que considerar lo que el pueblo soberano piense tras conocer esta disimulada declaración diáfana del PSOE. Tal vez se extienda la percepción de que el otrora valioso y poderoso presidente Álvarez Areces es ya un político desgastado por los problemas de Asturias y apartado «in pectore» por su conmilitones.
La verdad es que no nos esperábamos este paso del cauteloso PSOE, y mucho menos del todavía más reservado y sigiloso Javier Fernández. Algo se ha tenido que cocinar muy lentamente dentro del partido, pero con mucha presión, para que la tapa de la pota haya saltado tan rápidamente. Cabría conjeturar que a Vicente Álvarez Areces le pasan ya facturas por asuntos sobre los que habrá que indagar. No obstante, las consecuencias debilitadoras de este claro anuncio velado de sustitución son impredecibles.