J. M. CARBAJAL
Aseguran los índices macroeconómicos que España se encuentra en recesión, en fase de decrecimiento. Pero, ayer, festividad del Pilar, el preocupante asunto de la crisis que asuela a buena parte del país quedó aparcado por tan sólo unas horas, pues en la cita quesera de los Picos de Europa, celebrada en la ciudad de Cangas de Onís, el gamonéu del puertu de Cangues volvía a pulverizar su cotización, al llegar en esta oportunidad a los 38 euros por kilogramo. Tres euros más -quinientas de las antiguas pesetas-, que en la anterior edición de 2008. Crisis, ¿quién dijo crisis?
Dicen que es el queso más caro del mundo. Puede que sea verdad y a la vista quedan los precios que se pagan por ese manjar elaborado en las zona altas de las vertientes canguesa y onisense del parque nacional de los Picos de Europa. Casi siempre se discute que es caro, pero la demanda es tremendamente superior a su oferta. Dar con un buen gamonéu no es fácil, ya que no todos los quesos salen igual. «La vida sube», explica con cierta sorna un experto quesero para justificar el alza, haciendo caso omiso al cacareado eslogan del Gobierno de España de que los precios al consumo han bajado en este primer semestre.
Me considero defensor a ultranza del gamonéu, aunque últimamente observo, como éste lunes, en Cangas de Onís, que algunos elaboradores se están aprovechando en demasía del nombre del afamado queso para hacer «caja», sin importarles mucho la calidad del producto que ofertan a la potencial clientela. Craso error. Nadie pone en duda las dificultades añadidas de quienes se dedican a esa dura profesión, pero otra historia muy distinta es intentar darle «gato por liebre» al consumidor y, encima, a precio de oro. Conste que no meto a todo el mundo en el mismo saco. Eso sí, que cada barco aguante su vela.
Mucho debe esmerarse el Consejo Regulador de Denominación de Origen Gamonedo para evitar esos supuestos fraudes en los certámenes que se desarrollan en estas fechas otoñales en la comarca del oriente de Asturias. Es más, les invito a que erradiquen de los stands las piezas queseras que, ni de lejos, se deberían poner a la venta en un concurso-exposición. Son los propios dirigentes del Consejo Regulador, sólo ellos, quienes deben luchar por la calidad del gamonéu, sea del puertu o de la variedad del valle. ¿Por qué no cogen el toro por los cuernos? ¿No es su objetivo prioritario?
El prestigio cosechado por el gamonéu en las últimas décadas no se puede echar por la borda a causa de una minoría que únicamente persigue pingües beneficios, sin importarles un ápice la calidad del producto. ¿Saben quién sale perjudicado? Además del consumidor -supuestamente engañado-, también los buenos artesanos-elaboradores, aquellos que se esmeran en obtener quesos de gran calidad, auténticos «cinco estrellas» para los paladares más exigentes. A costa de unos, viven otros. Si no se toman cartas en el asunto, hasta es posible que peligre el futuro del que es, en la actualidad, uno de los quesos más apreciados, tanto dentro como lejos de nuestras fronteras.
Excelente botón de muestra del buen hacer lo tenemos en otros tres quesos del área de influencia de los Picos de Europa que se han visto galardonados, hace apenas unos días, con la medalla de oro al queso azul con Denominación de Origen en el World Cheese Awards de 2009, celebrado en Las Palmas de Gran Canaria, al que concurrieron exquisiteces queseras de 34 países. En ese oficioso Campeonato del Mundo se llevaron el primer premio en su especialidad el queso de Cabrales DO de la Cueva El Molín, sita en Carreña, gestionada por Central Lechera Asturiana; el queso Picón de Bejes, de Tresviso (Cantabria), y el queso de Valdeón, de Posada de Valdeón (León). Sobran más palabras.