LUIS M. ALONSO
Izquierda Unida ha decidido dar por perdida la batalla sobre la gestión del servicio municipal del agua que tantas neuronas se ha cobrado como bajas, en todo este tiempo de escenificación del litigio en la calle y en el Consistorio. Eso no quiere decir, sin embargo, que la coalición no siga dando la lata sobre este asunto para que los electores entiendan que la razón estaba de su parte cuando le discutía al PSOE, su socio, la posibilidad de privatizar. Es decir, llevan razón pero rehusan a que se la den los tribunales, teniendo como tienen el precedente de Castrillón donde se ganó el proceso. Desconozco lo que pensarán los vecinos que se sentían apoyados por IU después de este mutis por el fondo, pero no debe ser nada bueno si sus intenciones de oponerse a la privatización del servicio eran sinceras.
Ahora, los mismos concejales críticos con el proceso emprendido por el Ayuntamiento de Avilés discuten en qué emplear el dinero que se obtendrá por una concesión que tiñeron de sospecha, acusando de corruptos a quienes comparten el gobierno con ellos, pero sin abandonarlo para no arriesgarse a perder los sueldos y las prebendas. ¿O no es así?
Las sospechas, las descalificaciones quedan para los periódicos, donde los avilesinos pierden día a día la capacidad de asombrarse con la tabarra y la incongruencia de sus representes municipales. Los servicios jurídicos de IU han considerado que resultaría muy difícil sacar provecho de una demanda sobre la supuesta corruptela municipal en la adjudicación del servicio del agua. Este es el resultado de una guerra que hizo tambalearse el pacto entre los dos socios. Los lectores, si no tienen otra cosa mejor que hacer que la tendrán, pueden sacar las conclusiones oportunas sobre nuestro particular camarote de los Hermanos Marx.
Fue precisamente Groucho el que dijo aquello de «partiendo de la nada hemos alcanzado las cotas más altas de miseria». Y eso es lo que se puede deducir de cada actuación de los concejales.