JAVIER NEIRA
Después de la concesión del Nobel de la Paz, por sus esfuerzos en la desnuclearización, a Barack Obama, dueño y señor del mayor arsenal planetario de bombas atómicas, parecía imposible superar semejante récord mundial de contrasentidos, pero ya se ve que no, porque la entrega, ayer, de la medalla de oro al Trabajo a José Ángel Fernández Villa, paradigma cósmico del hiperliberado del trabajo, supone una marca aún superior. Ya lo dijo Gustavo Bueno, vivimos simultáneamente de un lado y del otro del espejo de Alicia o, al menos, eso pretenden que creamos los gobernantes, empezando por Rodríguez Zapatero, verdadero precursor, siguiendo por Obama, que puede superar incluso al fundador de la extraña cofradía, y acabando con Villa, que, bueno, ya que felizmente jubilado de la política, mejor dejar en paz.
Hablando de jubilaciones -y siquiera sea para dejar atrás las bromas pesadas que nos dan a diario los mandarines- no sobra considerar la que se avecina por estos pagos.
Hay que tener en cuenta, de entrada, que Asturias es realmente Psoelandia, sobre todo después de las últimas elecciones autonómicas y locales, en las que entre los méritos de los socialistas y, sobre todo, los naufragios de los populares esta bendita tierra es representable casi con un mapa monocolor.
Pues bien, en ese panorama el PSOE va a proceder a una fuerte remodelación sobre lo ejecutado en su día -me refiero a la jubilación de Villa-, porque está ya fuera de toda duda que Areces va a ser desplazado, seguramente por Javier Fernández, y que Paz Felgueroso dejará la Alcaldía de Gijón. Sin embargo, en el PP de los mil fracasos parece que nada se mueve. A día de hoy, Ovidio Sánchez es el candidato a una nueva derrota; Gabino de Lorenzo, a alcalde eterno, y Pilar Fernández Pardo, a oposición endémica.
¿Será que en el PP aspiran a algún premio «Príncipe de Asturias» surrealista, a ciertas medallas de oro cómicas o a estatuas de sal bíblicas?