PACO G. REDONDO
PROFESOR DE GEOGRAFÍA E HISTORIA
En otoño de 1959, ahora hace 50 años, se entregaba el premio Nobel de Medicina al asturiano Severo Ochoa, nacido en Luarca en 1905 y muerto en Madrid en 1993, tras años de investigaciones en USA, debido a sus descubrimientos genéticos sobre enzimas, ADN y proteínas. Un ejemplo de premio merecido que reconocía la experiencia y el trabajo, el mérito y el resultado. No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va.
Lo de impulsar la investigación es una milonga que se repite en las campañas electorales porque suena moderno y bien, apartado luego sacrificado a la hora de elaborar los presupuestos, porque, a diferencia de los subsidiados, los investigadores suman pocos votos. Y entre tanto andamos en que no saben en qué gastarse 20.000 millones de euros para dar contenidos a la ley de economía sostenible, tan afanados en cambiar el modelo.
Dice el presidente francés Sarkozy que «desde 1968 condenaron la moral y nos impusieron el relativismo» y «difundieron que no hay que poner notas para no traumatizar a los estudiantes que no estudian». Si bien se desconocen los méritos de su hijo de 23 años para llegar hoy ya a altos cargos políticos. Una cosa es predicar y otra dar trigo. En Asturias tenemos la polémica con la carrera profesional de los funcionarios: ¿cómo valorar servicios públicos e incentivos personales?
Lo de los premios se supone es un reconocimiento a unos logros o una trayectoria, pero el caso de la concesión del Nobel de la Paz a Obama ha sorprendido a propios y extraños. Se trata de un personaje elegante y carismático, presentado en Europa como un nuevo Kennedy, aunque él se situó entre McCain y H. Clinton como moderado, eficaz y prudente. Porque se trata de un galardón prematuro y contraproducente.
La concesión del premio Nobel de la Paz al dirigente de un país que está en guerra, pues USA está en guerra con los talibanes en Afganistán, es prematura. No han premiado que haya conseguido acabar la guerra, sino sus deseos de que la guerra acabe. Y es contraproducente, si para acabar la guerra tiene que enviar 40.000 soldados más: ¿en qué compromiso le ponen? ¿O es mejor ir de pacifista tonto y que los terroristas pongan todas las bombas que quieran?
Pobre izquierdismo desorientado. Premio Nobel a Al Gore por decir que ahorren energía los demás (él vuela en jet privado). Ahora dice la NASA que está creciendo la capa de hielo en el Ártico. Ni excusa roja ni verde para ser antisistema; en este sistema hay libertades y carriles bici y es en el otro donde se ha esquilmado el medio ambiente, sin reparo para cumplir a cualquier precio la producción de industria pesada contaminante planificada (ej. Mar de Aral desecado).
Importante criticar una época audiovisual que confunde apariencias llamativas con imágenes atractivas, en que el discurso del mérito parece haber perdido su vigor a favor de la igualdad de resultados impuesta desde el Estado, que siempre será injusticia social contra la libertad humana. Lo justo no es tratar a todos igual, sino a cada cual como se merece. Lo justo no es premiar a todos por igual, ni por sus proyectos, sino por sus hechos y sus méritos.