ANTONIO MASIP
El único de mis bisabuelos que conocí era profesor de árabe y legó a su familia al menos el respeto por su entrañable pasión filológica. Por un lector riosellano de LA NUEVA ESPAÑA, don José Antonio Silva Sastre, me entero de la lucha, desigual como la de otras muchas empresas intelectuales, en contra de algunas autoridades, supuestamente académicas, de terminar con los estudios del árabe en la Universidad de Oviedo. ¡Qué barbaridad! El árabe debería tener acogida en Oviedo con la misma normalidad que las lenguas francesa, italiana o inglesa, que tienen excelentes departamentos y publicaciones, y que confío nadie cuestione. Si el árabe desaparece sería un paso atrás de toda la Universidad en su conjunto y una apuesta palmaria por la ignorancia y el desconocimiento de la importancia que esa lengua tiene para comprender en qué mundo vivimos y qué civilizaciones se desarrollan en las fronteras europeas.
Hace años nos visitó, en Oviedo, Camille Cabana, antiguo ministro de Chirac, que buscaba sus orígenes en Galicia y Asturias. Era presidente del prestigioso Instituto del Mundo Árabe (IMA) de París. En la misma capital francesa tiene también alto rango el Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales (INALCO). El objetivo de todos los sucesivos gobiernos galos es mantener estos instrumentos en referentes mundiales de forma indiscutida como «prioridad de Estado».
El señor Silva hace loa del único profesor ovetense que queda todavía de la poda, Juan Carlos Villaverde Amieva, del que tengo las mejores impresiones por sus incursiones en otros campos culturales; así la edición de Ciriaco Miguel Vigil. El avisado lector menciona también el arabismo de Menéndez Pidal, Emilio García Gómez y Álvaro Galmés, a los que tuve el honor de conocer. Me surge, asimismo, el recuerdo de toda la familia Floriano, con el triste y reciente fallecimiento de Luis, compañero en las lides de la abogacía.
En fin, espero que el rector no cometa el desafuero de ejecutar esta amenaza.
La Europa que dentro de unas semanas, en Estocolmo, va a alumbrar sus nuevos postulados de futuro no puede desconocer en sus estudios superiores una lengua como el árabe. La Universidad, cuatro veces centenaria, no ha de fiarlo todo a una perspectiva económica cortoplacista. Algunos se percatarán del indudable futuro del árabe, incluso del económico que ahora ningunean, cuando sea demasiado tarde.
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