LUIS M. ALONSO
He leído que el tercer vicepresidente del Gobierno, Manuel Chaves, declara 69.000 euros de patrimonio y no tengo más remedio que lamentar su penosa situación económica después de tantos años en la política. Incluso defendería la idea de promover una colecta en su favor si no fuera porque siempre tendrá la oportunidad de rehacerse en la vida con los 86.454 euros que gana al año y teniendo cuenta, además, que la vivienda que ocupa, al ser ministerial, la pagamos los contribuyentes.
Eso sí, lo que hay que decirle a Chaves es que ahorre algo más de ahora en adelante, que deje de ser el manirroto que aparenta si no quiere pasar a la historia como un juguete roto. En la política no se dan muchos casos de juguetes rotos, no ocurre como con el boxeo profesional, pero lo del ex vicepresidente de la Junta de Andalucía resulta preocupante y hasta escandaloso. Hay que tener en cuenta que Chaves es una leyenda del PSOE, miembro fundador con Felipe González, Alfonso Guerra y aquel Yáñez de los fastos de la Cartuja, del famoso «clan de la tortilla». Es decir, lleva metido en los negocios de la organización desde el principio y en los puestos más altos. ¿Cómo es posible entonces que con ese bagaje su patrimonio ni tan siquiera doble el de Bibiana Aído, también andaluza como él pero treintañera y meritoria?
Chaves no lleva en el negocio de la política menos tiempo que su compañero de partido Alfredo Pérez Rubalcaba. Como él, ha ocupado cargos en la primera línea. Y, sin embargo, la diferencia entre lo que reconoce uno y lo del otro es más que considerable. La declaración de Rubalcaba, un hombre con sentido no sólo de Estado, sino también del ahorro, casi triplica la del tercer vicepresidente.
Pero ¿dónde ha metido Chaves el dinero? Alguien tendría que explicar lo que resulta inexplicable. La propiedad inmueble declarada apenas es de ocho millones de pesetas y en el banco no llega a cinco. Si no se remedia, lo vamos a ver viviendo bajo un puente.