JAVIER NEIRA
El otro día, cuando saltó la noticia -por cierto, no era la primera pista- de que Mussolini había sido espía del MI5 británico, las agencias decían que tal fue el comienzo de su carrera política. No sé si por ignorancia o manipulación se obviaba que antes había sido uno de los principales líderes del Partido Socialista Italiano. Es interesante comprobar hasta qué punto siempre se oculta que la llamada extrema derecha no fue más que una variante socialista.
En el siglo XX, en Europa, hubo tres socialismos: el del Este, internacionalista -Lenin, Stalin y demás-; el central, nacionalista -Hitler, Mussolini y compañía-, y el del Oeste, fabiano y etapista -el Labour Party, por ejemplo-, salvo en España, que aun en el extremo occidental era pura tundra rusa.
Controlaba a Mussolini sir Samuel Hoare, que unos años después fue embajador inglés en Madrid cuando el jefe del MI5 -y de sus comandos del SOE- en España era Kim Philby, líder del grupo de los cinco de Cambridge, ciudadanos de la más elevada sociedad, altos cargos del espionaje británico y, al tiempo, agentes del KGB. Por cierto, a Philby le encargaron matar a Franco en Burgos y estuvo a punto de lograrlo. Murió, claro, en Moscú, tras descubrirse su traición. Quiero decir que nada es lo que parece, así que las únicas teorías mínimamente verosímiles son las más extraordinariamente conspiranoicas. Si Mussolini era espía de los servicios secretos británicos dirigidos, al poco, por agentes del KGB, ¿qué pensar del fregado que aquí y ahora estamos padeciendo en vivo y en directo?
Ojo, entonces no había ni por asomo, como ahora, máquinas que pudiesen pinchar simultáneamente 40 millones de teléfonos.