ALBERT CANO
Mientras nos entretienen con el «vodevil Gürtel» o nos muestran cómo Zapatero inicia su privilegiada relación con el Nobel de la Paz que no ha parado guerra alguna, medios y analistas varios hacen creer al personal que «lo peor (de la crisis) ha pasado», porque «la caída de aquel indicador no es tan grande como el mes anterior». El problema es que otros datos hacen chirriar estas percepciones.
El temor actual es el desacople entre la mayoría de economías occidentales (que estarían recuperándose) y la española, rezagada porque debe digerir la caída inmobiliaria. Si los países centrales se recuperaran, el Banco Central Europeo subiría los tipos de interés (para contener la inflación), toda una puntilla para empresas y particulares españoles, muy endeudados. Pero la pregunta es: si hay recuperación, ¿por qué las instituciones piden mantener los estímulos (tipos bajos, ayudas públicas) durante tiempo indefinido?
Porque las cifras no engañan. Según «The Wall Street Journal», la industria alemana no ha recuperado los niveles previos a la crisis financiera; en el Reino Unido la inflación cayó a mínimos de siete años atrás, mientras Gordon Brown privatiza las «joyas de la abuela» para contener el déficit; aquí encadenamos siete meses de caída de precios, pero Gobierno y analistas afines niegan la deflación, etcétera.
Y es que, tras los datos, emerge la duda: ¿no será que los estímulos públicos han amortiguado las caídas de indicadores y que, pasados los efectos de la droga pública, las cifras nos devolverán a la realidad? Más. Cuando acabe el dopaje, ¿se podrá contar con el Estado? Para el ex ministro de Economía Pedro Solbes, «no hay más margen de gasto en nuestro país»; según Barclays, «España tendrá problemas para colocar su deuda pública a partir de 2010». Eso sí, hemos sido primeros de grupo en la clasificación para el Mundial.