CARLOS SANTULLANO
Yo creo que, lo mismo que le pasa a cualquier organismo vivo, con lo del «caso Gürtel» al PP le llegó una auténtica crisis de crecimiento de la que acabará por salir, tal vez, mejor de lo que entró. En el caso de este partido, que es el más joven de entre los tres principales de España, casi podemos decir que, como les ocurre a los adolescentes, se trata del típico bajón de defensas que antecede a un salto vital hacia adelante.
-¿Qué tiene el chaval, que lo veo bajo?
-Nada, que está pegando un estirón.
Así que es lógico que María Dolores de Cospedal, secretaria general, sufra como una madre en estas circunstancias, y sólo hay que verla, para calibrar su dolor, cuando le preguntan por «su» partido y se refiere a él con gesto compungido, usando posesivos y como si fuera su hijo del alma.
-¿Y usted qué opina del Gürtel?
-Pues que «mi» partido saldrá reforzado de la situación.
Igual que pasa en el PSOE con Zapatero, Blanco, Pajín y demás, o en el PC con Llamazares (¿aún queda dentro alguien más?), para Cospedal y tantos políticos profesionales de hoy, que parecen haber puesto todos los huevos en la misma cesta, el partido no es que sea su vida, sino, antes que nada, su medio de vida, por lo cual, se comprende que el defenestrado Ricardo Costa se echara a llorar cuando la dirección nacional de «su» partido le dio un sopapo hace días y, en un abrir y cerrar de ojos, lo degradó de secretario general a secretario raso y lo dejó al pairo. ¡Qué diferencia con aquellos tiempos en que en el PP un secretario general (aunque no regional, como Costa, sino nacional) llegó a ser conocido como general secretario!
No es que para los políticos actuales el partido sea, como en otros tiempos lo fue el PC para los comunistas, el Partido (con mayúsculas y por antonomasia), pero casi. Y, por supuesto, con una sutil diferencia: los comunistas vivían para el Partido, que era su dios, mientras los actuales profesionales de la política viven «del» partido, que es, digamos, su becerro de oro. En fin, matices.
Pero en definitiva, que al final, antes o después, Cospedal y demás saldrán del estirón claramente reforzados, con el sistema inmunológico de «su» partido a punto y orando, tal vez, una letanía al becerro de oro que bien podría ser, por ejemplo: «Partitus meus, Partitus meus, Partitus meus...».