FRANCISCO GARCÍA PÉREZ
Internet ha dejado obsoletas mogollón de actividades lúdicas (o sea, gran cantidad de pasatiempos) que tanto nos entretenían. Por ejemplo, la de escritor de pintadas o pintor de pintadas, más propiamente dicho y valga el pleonasmo. ¿Para qué perder el tiempo y exponerse a una multa, cargando con un spray y amparándose en la oscuridad cuando se puede colgar en facebook, en twitter, en el blog propio, en la web de otro, en tuenti, esa breve frase brillante, ese relámpago de ingenio que es una pintada? En algunas paredes de La Habana se podía ver en el verano del 89, pero nada más que un rato, pues enseguida lo borraba la gran mano censora, un enigmático «8A», una rapidísima y feliz muestra de apoyo, al general Ochoa, procesado por entonces y fusilado en julio. Recuerdo con humor cierta advertencia: «Emilio Aragón, sabemos que eres Milikito» o aquel entusiasta ruego: «Torrebruno, beatificación».
Al haberse cargado internet tales alardes de gracia pintora, también se ha llevado por delante las correcciones que los lectores estimaban añadir. La mítica es la de «Vamos a matar al cerdo de Carrillo», a la que otra mano anónima sumó el «Cuidado, Carrillo, van a matarte al cerdo», que sigue ocupando el número uno de repentización en la respuesta. Pero no faltan correcciones tan ensimismadas, tan de autor, tan de ver más allá de la pintada, el letrero, el anuncio o el cartel, que pasman y hacen detener el paso para evaluarlas en todo su valor. Un mural electoral del PSOE tan aparentemente incorregible como el que rezaba en Soto del Barco «Por Asturias» vio cómo al poco tiempo perdía alguna de sus letras y quedaba en un contundente «Por Atrás», que corregía de plano las intenciones socialistas. En Navia, el «Club de Piragüismo Los Albiones» sufrió el atentado del «tachador enmascarado», como lo llama mi informador Félix F. Méndez, y su cartel quedó en un porno e inquietante «Club de Pagismo Los Abiones», que, convendrán ustedes conmigo, ya son ganas de repensar y tener muchas horas de ocio por delante. Un establecimiento de la Losa ovetense cometió el descuido de dejar fuera del local una pizarra con un ofrecimiento muy dulce: «Pruebe nuestros tés orientales». Borrando y modificando, el corrector sin nombre lo dejó nada menos que en «Pruebe nuestros retretes orientables», también invitador, pero creo que lejano a los intereses del local.
Hay algunas versiones de word con cuyo corrector ortográfico automático es preciso conducirse con mucho tiento, pues tiende a inventar por su cuenta y, si no se repasa el texto una vez escrito, saltan el susto y la sorpresa. Por ejemplo, no reconoce a los pequeños chimpancés llamados «bonobos» y los sustituye nada menos que por «bonobús», dando así lugar a disparates posibles como un imaginario «Encontrada una docena de bonobús en la selva congoleña», aunque todo puede ser. El que lo tiene peor es el premio «Príncipe de Asturias» Stephen Hawking por haber dedicado su tiempo al estudio de los agujeros negros. No es extraño que algunas de sus páginas en inglés ofrezcan, si se pulsa esa ayuda de internet que reza «Traduzca esta página», la barbaridad siguiente: «Stephen Hawking, negro con agujeros?» No nos gusta la realidad, no nos gustan los otros, por eso los corregimos. Aunque, claro, ante la contundencia conminativa hay poco que decir, porque ¿cómo modificar el arrasador grafiti de unos servicios públicos «Todo el mundo puede mear en el suelo. ¡Sé un héroe! ¡Mea el techo!» o el tan hispano por caradura en la demora «Faltan 31 días para la inauguración del avance de la 1ª etapa de la terminal del ómnibus»?