JOSÉ ANTONIO FDEZ.-CARABÍN Y GONZÁLEZ
ABOGADO
Hace tan sólo unos días, con una misa-funeral celebramos, junto a su familia, cientos de amigos y admiradores, el primer aniversario de su inesperada muerte. Don Sergio Montes Mortera nació en Lada, tras la última Guerra Civil, en el seno de una familia numerosa de tradición minera. Ligado por matrimonio con una joven, Ana María, llena de encantos físicos y morales, del que tuvieron cuatro hijos, desde niño tuvo la obsesión por ser médico. Y lo consiguió en la Facultad de Valladolid, de la que recibió el doctorado en Medicina y Cirugía. Ingresó en el Sanatorio Adaro de Langreo, aprovechando gozoso la sapiencia de dos afamados médicos que figuran en primera línea en el retablo español de la traumatología, la rehabilitación y el tratamiento de los quemados. En primer lugar, la de don Vicente Vallina García, director de dicho centro, donde ejerció como cirujano-traumatólogo desde 1961 hasta 1964, siendo de resaltar que este su primer maestro siempre le haya distinguido con la calificación de «uno de sus mejores discípulos». Y de Langreo, a Oviedo, donde trabajó y completó su formación especializada al lado del inolvidable don Francisco García Díaz, que, nacido en Santa Cruz de Mieres e hijo de facultativo muerto en siniestro minero, fue director del Sanatorio San Cosme y primera figura, como traumatólogo, del Hospital General de Asturias, quien le inculcó, lo mismo que Vallina, la necesidad de realizar viajes de trabajo a las principales clínicas europeas y americanas, para conocer los avances de su especialidad médica.
Bien sabía don Paco, como don Vicente Vallina, cuántos beneficios habían obtenido, para su profesión, del contacto con sus compañeros mundialmente famosos. De ahí el ansia de nuestro amigo Sergio de aprovechar, en beneficio de sus pacientes y por tanto de la sociedad, los procedimientos curativos o paliativos que en su especializada profesión iban apareciendo en el mapa mundial de la medicina, sobre todo derivados, desgraciadamente, de la guerra europea de 1914 a 1918, Él, que huyó de la mediocridad profesional, con el apoyo continuo de su esposa, no sólo traspasó los límites geográficos convencionales de Asturias, sino también las fronteras nacionales. Y siguiendo los consejos acertados de aquellos sus dos mentores, siempre en compañía de quien le dio la prueba máxima del amor humano, fuera de nuestras fronteras, aquel langreano de Lada, de humilde origen, con el debido prestigio médico, viajó a hospitales de Viena, La Habana, Verona; a hospitales alemanes, de Nueva Orleans, San Francisco, Los Ángeles-California, Washington, Florida, Londres... y muchos más, en los que recogió los frutos de la mente y las experiencias de los personajes más reputados de su ámbito profesional.
Cuánta información laudatoria podríamos añadir sobre este singular personaje referido a sus estudios documentados, ponencias, tratamientos operativos para corrección del enanismo; su ejercicio de profesor adscrito a la Facultad de Medicina de Oviedo. Su labor en el Real Oviedo como traumatólogo durante años, etcétera, etcétera. Pero queda ahora por informar de lo más actual. El Ayuntamiento langreano, regido por una mujer que ya tiene ganado un puesto similar para la historia de nuestro concejo, por unanimidad, atendiendo al sentimiento vecinal, ha aprobado dar el nombre del traumatólogo Sergio Montes Mortera al parque existente en el lugar en que él nació, en Lada (Langreo). Ello congratula, sin duda, a múltiples personas, entre ellas a quien tiene la osadía de ofrecer a los lectores la imperfecta e incompleta crónica del doctor don Sergio Montes Mortera.