LUIS M. ALONSO
El mayor esfuerzo de los partidos políticos se mide y comprueba, por lo general, en los nombramientos de los cargos. Ahí es donde la casta da lo mejor y lo peor de sí, se faja hasta el infinito, al punto incluso de golpearse en sus propias carnes.
El turuta Rajoy ha llamado a la movilización contra el plan de Esperanza de Aguirre de situar a su hombre de confianza al frente de Caja Madrid como sustituto de Miguel Blesa. A Mariano esto no le gusta, porque lo que él pretende, bajo el señuelo de que hay que elegir a los mejores, es que sea Rodrigo Rato el que ocupe el puesto. Y ¿por qué quiere Rajoy que Rato dirija el cuarto banco de España? No sé a los lectores, pero a mí se me ocurren algunas cosas. Entre ellas, por ejemplo, para que el ex director del Fondo Monetario Internacional no le discuta el liderazgo dentro del partido. O, también, para minar el poder de la presidenta de la Comunidad de Madrid, la que, por otro lado, ha actuado con mayor decisión política en el escándalo «Gürtel».
Al mismo tiempo que José Luis Rodríguez Zapatero se ha consagrado como el peor presidente de la última democracia española, Mariano Rajoy se corona como el líder político más catastrófico de la derecha. Por méritos propios, que, además, se preocupa de contraer día a día. Con las aguas bajando a chorros por la cloaca del «Gürtel», ahora se ha empeñado en desatar una guerra interna de consecuencias imprevisibles por Caja Madrid.
Los electores no van a tener más remedio que darle la espalda a un partido que, sin saber gobernarse a sí mismo, resulta improbable que pueda hacerlo en otra etapa al frente del país.