JAVIER NEIRA
La libertad de prensa en España naufraga. Hemos caído al puesto 44. De la gran Europa unida sólo dos países están aún peor que nosotros y nos superan naciones del puro Tercer Mundo tal que Ghana, Mali, Namibia o Surinam.
No me extraña. Qué decir de un país donde se comete el mayor atentado terrorista de la historia de Europa y se salda -después de desaparecer 92 toneladas de pruebas- con la condena de dos moritos de Lavapiés y de un esquizofrénico de Avilés y la complacencia casi universal de la opinión pública. Apenas Jiménez Losantos levantó la voz, lo abrasaron a querellas multimillonarias y lo echaron del trabajo.
Qué se puede esperar si acaban de readmitir en el PSOE a Negrín frente a la memoria de Nin, despellejado vivo en una checa de Madrid con la connivencia del entonces presidente del Gobierno, ahora reglorificado.
A mi juicio, todo está perdido: la ruptura de España es ya irreversible; la negativa revolución social en curso, imparable; la demagogia peronista, artículo de fe, y la oposición, entregada de pies y manos. Sin embargo...
Tal día como ayer, festividad de los santos mártires Crispín y Crispiniano -patronos de los zapateros (?)-, se celebró en 1415 la batalla de Azincourt, momento capital dentro de la terrible Guerra de los Cien Años. Enrique V de Inglaterra, con un ejército cinco veces inferior, venció a los franceses. Lo cuenta como nadie Shakespeare y también Lawrence Olivier en una película patriótica de 1944 orientada a animar a los combatientes contra los nazis. ¿Cabe aún alguna esperanza al recordar aquella arenga del rey británico, quizá la más famosa de la historia? «El que sobreviva a este trance y vuelva sano a casa, se pondrá de puntillas cuando se nombre este día y se enorgullecerá...».
(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente el Te Deum de acción de gracias de Azincourt, con el lema «Non nobis Domine» de los Templarios).