FRANCISCO PALACIOS
Se dice que para los argentinos hubiera sido una catástrofe nacional el que su selección no llegara a clasificarse para el Mundial de 2010. Y precisamente, tras ganar a Uruguay que aseguraba esa clasificación, Diego Armando Maradona volvió a ser noticia, esta vez por los exabruptos que dedicó a un sector de la prensa que había criticado su trabajo como seleccionador. Maradona logró una fama mundial por sus habilidades en los campos de fútbol. Esa popularidad de dimensiones maradonianas, como diría Valdano, conlleva también terribles consecuencias a las que nadie escapa, y por las que se le ha endiosado.
Sólo por sus méritos de futbolista excepcional, se ha comparado a Maradona con personajes famosos tan dispares como Ulises, Miguel Ángel, Napoleón, Gaudí, Strasvinsky, Baudelaire. E incluso con Cristo.
Y a pesar de declararse creyente, Maradona aceptó de sus incondicionales una suerte de metafórica divinización. Así, en Nápoles, donde empezó a ser idolatrado, se decía que cada gol suyo era como un nuevo milagro de San Genaro, patrón de la ciudad. Y mediante un adecuado juego de palabras se le llegó a identificar con la Virgen: Maradona-Madonna.
El músico Andrés Calamaro le dedicó una canción que, entre otras cosas, dice : «Maradona no es una persona cualquiera? / Tiene el don celestial de tratar bien al balón? / Es un ángel y se le ven las alas heridas / Es la Biblia junto al calefón?».
El endiosamiento llegó a su culmen con el invento de la iglesia maradoniana, una asociación virtual con adeptos en Argentina, México y España. Fundada en 1998, su primer objetivo es «mantener la pasión y la magia con que nuestro Dios juega al fútbol». El 30 de octubre, cumpleaños del jugador, se celebra la Navidad maradoniana. Ese día, los oficiantes vestidos con los colores de la selección argentina lanzan un balón al cielo con la inscripción «Dios» y la firma de Maradona. Existen además versiones adaptadas del padrenuestro, del credo y de los diez mandamientos.
Maradona permitió que su programa televisivo se anunciara como «Dios y el Diez». Y se jacta de ser «la mano de Dios», por el gol marcado a Inglaterra. Para el filósofo Juan José Sebreli, nadie transgredió tanto el mandamiento de no invocar el nombre de Dios en vano como Maradona sin que la Iglesia lo repudiara. Ni tampoco fue óbice para que el Papa lo recibiera en el Vaticano.
Maradona ha sido uno de los grandes con el balón. De ahí procede su fama, su riqueza y su poder, tres imanes irresistibles, y su endiosamiento. Cuando jugaba en el Barcelona, la prensa ya denunció que su imagen de hombre sencillo, humilde, había ido cambiando por la de un joven caprichoso, mal educado y poco profesional. Casi cincuentón, vuelve a mostrar un procaz e infantil histrionismo. Como sentenció el clásico: lo propio del que exhibe una ignorancia carente de modales.