JAVIER NEIRA
La anécdota, el psicologismo y la peripecia siempre impiden ver el fondo del asunto: Sabino Fernández Campo fue secretario de siete ministros del Ejército, lo que señala su posición hiper privilegiada en el corazón del Estado, y después, subsecretario de Presidencia, Información y mano derecha -o mejor, izquierda- del Rey. Vamos, que estuvo a la altura, por así decir, del más importante oficial de inteligencia o aun por encima de él. Por eso en la hora de su muerte se lo llega a ver incluso al nivel de los ex presidentes del Gobierno.
Por eso mismo la Fundación Príncipe de Asturias la ideó desde el Estado. No se trataba de hacerle un favor a Asturias sino de ayudar a la Corona. Todo se olvida, pero por entonces no había monárquicos y lo normal era hacer chistes sobre el corto horizonte de la institución coronada.
Salió bien. Los premios Príncipe son una gran operación de imagen -en el sentido más noble de la palabra- al servicio de la Corona.
Es interesante considerar que muere Fernández Campo, simbólicamente el padre, cuando se jubila el director de la Fundación, Graciano García -el financiero Pedro Masaveu, fallecido prematuramente, era de ese mismo tiempo, que a fin de cuentas es el del Rey-, así que según el orteguiano método de las generaciones se cierra un ciclo en la Fundación, que ha cumplido a la perfección sus objetivos.
Sin embargo, en cuanto al fondo del asunto, que es España, ha empeorado, y muchísimo, el riesgo de secesión. Y qué decir de la división y el enfrentamiento político-social. Por algo no fue ayer el presidente Zapatero al velatorio del conde de Latores: unionista y católico ¿cabe algo más políticamente incorrecto en la España actual?
No sé quién es ahora el hombre de Estado que fue el general Fernández Campo durante tres décadas, pero no vendría mal una iniciativa nacional como aquella que supo alumbrar por, a través y para la Corona. España espera.