ALEJANDRO ORTEA
En nuestro pueblo parece que somos gente curiosa, porque de vez en cuando alguien anuncia que se ha encontrado ciertas cosas tiradas a la basura. Estos días toca que el antiguo prócer Álvarez-Cascos anda muy contrariado -y, a juzgar por sus comparecencias públicas, hasta enfadado- porque dice que un ciudadano se encontró tirados unos viejos papeles suyos junto a la sede popular de El Parchís, tres. Le sucedería entonces como a tantos jóvenes que, abandonado el hogar paterno, reclaman al cabo de años sus viejos discos, apuntes, fotos, antiguas revistas o libros. La respuesta que suelen recibir de sus mayores es que tales objetos ya han sido «reciclados», es decir, tirados a la basura hace bastante tiempo. Cuando el agraviado se enfurruña y muestra su contrariedad, la contestación que suele recibir es del tipo «como lo dejaste aquí y nunca hiciste caso de ello, pensábamos que ya no lo querías». Ahí suelen terminar esas polémicas domésticas, porque el supuesto agraviado reconoce, generalmente de forma tácita, su falta de diligencia; pero otros insisten en su protesta y en el ninguneo que ello representa y el poco cariño o respeto que se le tiene en su viejo hogar.
Esto exactamente es lo que hace ahora el antiguo prócer. Esperemos que los asuntos públicos los haya llevado con más diligencia que la dispuesta al abandonar supuestamente en los anaqueles de su antigua oficina olvidados papeles durante años y paños. Y es posible que, de no haber existido un conciudadano curioso, a quien el pretendido agraviado ha calificado como «ejemplar», nadie, ni siquiera él mismo, se hubiera acordado de la existencia de dichos papeles. Así que, menos lobos.
Una de las cosas más reconfortantes en toda esta historieta menor es la de que podemos comprobar que nuestro Cascos sigue siendo el de siempre: según su conveniencia, reparte públicas ejemplaridades o censoras reprimendas y tremebundos calificativos, en un intento de hacernos pasar su propio interés del momento -puede que hasta legítimo- como si fuera una crucial cuestión de interés general. Y ya conociendo cómo se las gasta el airado ingeniero, pues sus muchos años en el servicio público ya dan para saber de sus trucos de veterano mago, extraña que los de El Parchís no hubieran tomado ciertas precauciones al deshacerse de estos «restos históricos», como hacen con el resto de sus desechos.
El caso es que hemos tenido una cuestión menor que ha servido para elevar una anécdota a supuesta grave cuestión política. Con ello, indudablemente, los de estribor locales ven machacada una vez más su estrategia opositora, y los demás, tendremos que seguir dudando si aquello de que «vale más partido sin Gobierno que Gobierno sin partido» fue cosa sincera y de grave interés general o, como algunos -con el bueno de Sergio Marqués a la cabeza- siempre sospecharon, cuestión particular del momento del prócer en cuestión. De todas formas, produce un poco de ternura esta bajada del listón: ayer queríamos empapelar a Polanco o Cebrián y hoy nos conformamos con Pili Pardo.