JAVIER MORÁN
Vamos de turbio en turbio, porque el presidente Álvarez Areces acaba de contar que se ha enterado de algo muy serio: Bruselas recortará los caudales públicos que envía hacia Asturias, algo para lo que en Gijón ya veníamos estando preparados a raíz de los nubarrones repartidos sobre el deslizamiento presupuestario en la obra de El Musel.
Los citados caudales tienen la finalidad de que converjamos algún día con el continente, pero en lo que no convergemos es en hacernos respetables a ojos de los burócratas de la Unión Europea. Areces anuncia una ofensiva, suponemos que diplomática, hacia el presidente Barroso, a ver si se ablanda la dureza de criterio.
Por tanto, parecemos estar en los umbrales de cierto aislamiento económico, cosa que presenciamos con estupor al tiempo que experimentamos el aislamiento en las comunicaciones. La huelga del personal de cabina de Iberia ha dejado en tierra a miles de seres que transitaban desde o hacia Asturias. Es un hecho concreto, pero aun en ausencia de estas incidencias lo que se verifica es que el número de vuelos hacia o desde otros puntos de España y de Europa ha caído en picado.
El restante panorama ya es conocido: por tierra se paga una penalización al atravesar el Huerna, o se dilata el viaje ferroviario a más de cinco horas hasta Madrid, y muchas más en la relación con Barcelona, y por mar esperamos esa autopista entre Gijón y Nantes, que además de camiones llevará butacas confortables en las cubiertas.
¿Alguna buena noticia en materia de comunicación? Tal vez. Los escolares del Principado serán los primeros de España en disponer de los ordenadores personales. Hace años ya que se nos decía que Asturias vencería antes su aislamiento con los ordenadores y la telemática que con las infraestructuras, todavía incompletas por todas partes. Agárrense, por tanto, los alumnos a ese ordenador de consolación y asomen las naricillas al mundo a través de su pantalla, porque por el resto de caminos todavía no sabemos cuándo transitaremos con holgura.