PACO G. REDONDO
Gijón, Asturias con sal» será a partir de ahora el eslogan de la nueva marca de ciudad presentada por el concejal de Promoción, José María Pérez, para el cual expresa su carácter abierto y cosmopolita, su amor propio y el mar y transmite sensaciones, y por Enrique Johnson, director de la empresa encargada Ciac, para quien «Gijón es el norte del Norte», dinámica, participativa, y añade: «Es una ciudad alternativa, sin complejos para ciudadanos y visitantes, Gijón tiene alma».
Buena falta nos hace promover lo propio y, en particular, todo lo que contribuya a superar la intensa recesión económica que viven la ciudad de Pelayo, la región asturiana y España. Gijón cuenta con la ventaja de ser una ciudad de economía diversificada, comercial, portuaria, industrial y turística, en la cual más que hablar de entelequias de cambios de modelos lo que hace falta es impulsar la inversión productiva, el empleo y el consumo.
Sin embargo, también cuenta con sus fracasos, así, sectores industriales tradicionales que no han conseguido mantener su oferta competitiva, y ahora han terminado de perder empresas emblemáticas como la minería del carbón y el naval, cuyos cierres de La Camocha o Naval Gijón son significativos y deberíamos analizarlos. Como contrapunto, la ampliación de El Musel es necesaria pensando a medio plazo y no siendo miopes y negativos en una coyuntura adversa.
La ciudad sigue expandiéndose urbanísticamente, a pesar de haber sido anulado su PGOU, con una recuperación de la natalidad y de la construcción de viviendas, entre las que destacan las 3.700 del Nuevo Roces, para unos 10.000 habitantes, que pronto requerirán la construcción de un nuevo colegio de Infantil y Primaria en esta área sur de la ciudad; mejor prevenir que curar. Sobra el absurdo acoso al coche.
Entre los pros, su situación a mitad del Cantábrico, que puede convertirla en eje de comunicaciones marítimas con la nueva autopista a Nantes (y debería ampliarse a Plymouth) y ferroviarias de la cornisa cantábrica, con la futura llegada del AVE; así como el carácter urbanístico compacto, el no haberse precipitado en saltar la Ronda Sur ha sido un acierto, aunque probablemente se pueda dar más usos al entorno del cementerio de Ceares.
Entre las contras, en urbanismo se está cediendo demasiado a la tentación de las «megatorres», caso de las paralizadas y contraproducentes de Poniente, obviándose la propuesta alternativa más equilibrada de la asociación vecinal, o la mala administración de grandes recursos camino de ser «el túnel de la risa» del metrotrén, o los sobrecostes de El Musel: seguimos sin saber quién, cuándo y por qué decidió traer las piedras de canteras de León en vez de Asturias.
Todo lo que suma, bienvenido. Hay que tratar de convertir los problemas en oportunidades para superar retos y seguir avanzando. Incluso traspasar ese talante que revela la Mareona sportinguista, que reverdece sus laureles con el buen juego del equipo de fútbol esta temporada, del ámbito deportivo al socioeconómico. Esperemos sea una premonición del progreso de la ciudad. Y deseamos éxito a la campaña salerosa, sin olvidarse de la Universidad Laboral, una de nuestras grandes bazas.