LUIS M. ALONSO
No se puede decir que aquellos polvos hayan traído estos lodos, porque los negocios de Lluis Prenafeta o de Maciá Alavedra de entonces eran otros que los de ahora por los que han sido detenidos. En cambio, los dos ex altos cargos de Pujol nos devuelven una sensación de «déjà vu» que sólo entenderán aquellos que hayan sido capaces de asociar desde el primer momento sus nombres a la golfería política.
Prenafeta, secretario general de la Presidencia de la Generalitat entre 1980 y 1990, mano derecha de Pujol, el «caso Casinos» y la financiación ilegal de CDC. Dimitió. ¿Les suena? Sigamos con el reparto, Maciá Alavedra, conseller de Hacienda, también con Pujol, entre los años 1989 y 1997, relacionado con Javier de la Rosa y el juez prevaricador Lluis Pascual Estevil, que extorsionaba a empresarios. También dimitió cuando no le quedaba otra salida.
Ahora, estos golfos históricos y entrañables del nacionalismo catalán aparecen envueltos en una nueva trama de corrupción junto a otros golfos provenientes del Partido Socialista de Cataluña, entre los que se encuentra el alcalde de Santa Coloma de Gramanet, un tal Bartomeu Muñoz, hijo del último regidor franquista de la localidad conocido como «el hombre de los mil pisos». Junto a ellos, como resulta fácil de entender, figuran ejemplares constructores empeñados en facilitarles la vida a los vecinos con viviendas de protección oficial. De fondo, están las recalificaciones de terrenos; el juez les imputa cohecho, blanqueo de capitales y tráfico de influencia. La misma historia se repite con diferentes protagonistas. Hay actores veteranos que ya hemos visto en otras películas y otros que empiezan a hacerse un hueco pero que seguiremos viendo en el futuro.
España es un estercolero poblado por políticos oportunistas dispuestos a utilizar sus influencias, concejales de Urbanismo receptivos que escuchan el sonido del papel moneda. Tangentopoli aguarda.